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martes, 12 de julio de 2011

Calderón, pésimo estadista y gobernante



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)


No me cansaré, jamás, de repetir que repudio a Felipe Calderón, a su gabinete, a su gobierno y, sobre todo, a su guerra contra el crimen organizado. Diario leo en los periódicos noticias que me estremecen e indignan. No han sido pocos los testimonios que he escuchado sobre cómo en ciertos lugares de la República se sobrevive, pues hace mucho se dejó de vivir. 

La crisis actual por la que atravesamos ha sumido a casi toda la sociedad en el pánico, el sufrimiento y la aflicción. Porque la muerte se 
ha instalado en este país; porque la muerte duerme todas las noches con todos nosotros, es nuestra vecina o, en el peor de los casos, nuestra depredadora.

Y es que más de 30 mil muertos debe enfurecer, aterrar, a cualquiera. Son mexicanos, la mayoría, quienes están perdiendo la vida. Además, ninguna persona,  ni militar ni "narco" ni político ni nadie, merece morir acribillado a balazos. ¡Y menos  niños! Que infantes perezcan en esta infame guerra es ya el non plus ultra de la ignominia. Y ya van más de 1000 niños muertos

Ayer murió acribillado y calcinado con su padre un niño de 8 años en Ciudad Juárez. Carajo, tanta violencia debe cesar. Hasta aquí debe llegar la tolerancia de la gente. Después de atrocidades como ésta, no puede haber más ciudadanos que aprueben esta lucha armada contra la delincuencia organizada.

Y es que saber que muere otro niño a causa de esta guerra contra el "narco", emprendida, sin consultar a nadie, por un hombre que usurpó la presidencia, me enoja, la verdad. Luego recuerdo a miles de panistas, cual brutos y salvajes, gritando: "¡duro, duro, duro!", cuando escuchan al espurio hablar de su lucha; Hitler también tenía la suya: "Mein Kampf".

¿Qué le diría Felipe Calderón al fantasma de ese niño de 8 años, que murió acribillado y calcinado con su padre ayer, si se le fuese a presentar una de estas noches en su alcoba presidencial? 

Quisiera que venga conmigo algún imbécil a decirme que la muerte de esa criatura también forma parte del precio que se debe pagar para tener un país seguro y libre de drogas. Si llegase a decírmelo, intentaría crear conciencia en él, luego de mandarlo a la chingada.  


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