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lunes, 11 de julio de 2011

A cortarle las cabezas a la televisión




H. E. Cavazos Arózqueta
 (@HECavazosA)


(Quisiera advertirle al lector, de antemano, que cada vez que urjo a la sociedad a cortar las cabezas de la televisión, habló con metáforas y metonimias. No quiero que piensen que este texto es una invitación para pasar por la guillotina a ciertas personas, porque no lo es. Espero que lo disfruten.)


En este país existe gente consciente, libre, inteligente, solidaria y virtuosa que busca la democracia, el progreso, la equidad, la justicia, la libertad y, sobre todo, el cambio. Sin embargo, una de las razones por las cuales México no logra cambiar, es a causa de la falta de memoria, la suma ignorancia y la indiferencia infranqueable de un amplio sector de su pueblo en cuanto a temas políticos, acontecimientos históricos y problemas sociales. Esto se manifiesta, a diario, de diversas formas en la conducta, en las acciones y en los comentarios de aquellos ciudadanos mexicanos. Hoy, por dar un ejemplo, se puede apreciar en las encuestas que muestran a Enrique Peña Nieto como el candidato favorito rumbo a las elecciones presidenciales del 2012.



Los culpables de lo anteriormente mencionado son quienes conforman la oligarquía que ha hecho, voluntariamente, de nuestro Estado, un Estado fallido, de nuestra nación, una nación antidemocrática, desigual, autoritaria; la manera en que lo han logrado ha sido mediante Televisa y Tv Azteca y utilizando un instrumento: la televisión. Y la televisión es un monstruo policefálico, que de cada una de sus bocas emanan los embustes, las manipulaciones, las verdades a medias, que mantienen a los mexicanos en el estado que a la oligarquía le conviene: el letargo intelectual, pues en este estado logra ésta alcanzar sus interés personales.



Las cabezas de este monstruo son fáciles de encontrar y, por lo tanto, de cortar. Éstas se encuentran pegadas a los cuerpos de los mentirosos, vendidos y antidemocráticos que se encargan de informar en este país: los conductores de los noticieros de altas cuotas de pantalla. Y esto lo hacen adulterando la información, atacando a las instituciones, desprestigiando y calumniando a diversas personalidades, mediante proselitismo en favor de sus candidatos, ocultando la verdad y censurando.



Esta forma de ejercer periodismo televisivo en México se ha llevado a cabo desde que existe la televisión en este país; lo podemos recordar cuando Azcárraga Milmo afirmó ser un soldado del PRI; cuando la tergiversación de la información que dio Zabludowsky luego de la represión estudiantil y de las masacres de 2 de octubre del 68 en Tlatelolco y de la del Jueves de Corpus el 10 de junio de 1971; cuando el golpe mediático que se le dio al ingeniero Cárdenas luego del asesinato de Paco Stanley; cuando los vídeo-escándalo contra la regencia de López Obrador; cuando las guerras sucias que han llevado a cabo contra algunos políticos; cuando los ataques a grupo Reforma.



Por eso propongo cortar las cabezas del monstruo policefálico llamado televisión. Si queremos que se nos informe con la pura verdad, si queremos un Estado soberano que no lo controle la oligarquía, si queremos un México más educado, menos ingenuo, menos ignorante, debemos taparnos los oídos cuando López-Dóriga, Loret de Mola, Micha, Gómez Leyva, Marín, Alatorre, Ayala, Brozo, entre otros, nos hablen. Tenemos que pedirle, aunque no creo que nos escuchen, a esas personas que se callen, que nos dejen de mentir, que nos digan la verdad, que se vayan. Si no cambian a los conductores de los importantes noticieros del duopolio televisivo, el cambio en México se complica.




Yo sé que todos ellos empezaron como grandes periodistas. Pero la oligarquía los compró. Yo sé que para que cambie la situación del periodismo televisivo el cambio tiene que venir de los directivos que manejan Televisa y Tv Azteca. Pero mientras no legislen para limitarlos, no se logrará. Por lo que se preguntarán que por qué ataco entonces a esos periodistas, pues lo hago porque existen muchos otros que no se han vendido y, por consecuencia, estos conductores pudieron abstenerse de convertirse en lo que son: la boca de quienes tienen secuestrado a México.



En conclusión, opino que es necesario quitarle poder de influencia a las cabezas de la televisión, pues éstas ya se han encargado de impedir la transición a la democracia, al cambio económico, político y social. Hoy en día millones de mexicanos viven en la mentira y en la equivocación. Y un pueblo ignorante no puede crecer. Por eso propongo darle la espalda y no escuchar a los rostros y a las palabras de la oligarquía. Y así, poco a poco, trabajando, educándonos, concientizándonos, lograremos el cambio. Hay que crear conciencia.

2 comentarios:

  1. Coincido con usted, Televisa es el cáncer que mata a México cada seis años, luego es revivido por el pueblo para volver a morir y resucitar. Sería ingenuo pedirle a Lopez Doriga que ya no sea mala onda y que cambie, cuando estos son solo empleados instrumentos de un poder mayor, es decir, lo corren y ponen a otro que siga engañando. Mexico requiere valientes que revienten estas cadenas sino, nunca cesaran y prueba de ello son las campañas de mentiras contra AMLO y la dictadura perfecta del PRI mantenida por la idiotizacion de Televisa. Requerimos que Slim habra un canal a ver si se digna, que le abran el espacio a Univision, Telemundo y cualquier otro que quiera competir. SI NO SE LE GANA A TELEVISA EL 2012 ES DEL MONO-BARBIE GALAN DE OTRA TELENOVELA MÁS. Todas las fuerzas progresistas deben empezar a abrir los ojos, Televisa manda, el toca toca casa por casa ya no sirve, la tele manda, la tele idiotiza.

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  2. De que serviria "cortarles" las cabezas? de que serviria pedir que se callen y los quiten? si al final de cuentas pondran otros titeres que nos diran lo mismo?
    Ya tiene mucho que no veo noticieros, mas que nada por deportes o por el clima, de ahi en fuera prefiero mejor entretenerme en otras cosas, leyendo y aprendiendo de forma autodidacta, porque lo que enseñan en la SEP igual esta mas que dirigido y maniatado a que no aprendamos nada.

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