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lunes, 11 de julio de 2011

Del gobierno de Felipe Calderón y de sus escalofriantes reminiscencias históricas


H.E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Todo empezó cuatro años atrás, cuando la mayoría de mexicanos vimos, indignados, enfurecidos, cómo un hombre, llamado Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, sucedía ilegítimamente al anterior presidente de la república, Vicente Fox Quesada. Este suceso nos recordó el proceso mediante el cual todos los priístas de gobiernos anteriores asumían el poder: burlándose del lema que los puso en éste por más de cinco décadas: "Sufragio efectivo; no reelección". Sin embargo, algunos se tranquilizaban, se consolaban, pensando que cuando las cosas no podían agravarse más, tenían necesariamente que mejorar o, por lo menos, permanecer igual. Con el paso del tiempo, se vio que a la situación de este país le quedaba mucho que empeorar. Y todo empezó con el anteriormente mencionado fraude del 2006. La jornada electoral del 2 de julio de ese mismo año comenzó la desgracia de México: las mentiras, las muertes, el miedo, la debacle.

Lo que siguió fue que, cuatro meses después, el 11 de diciembre, el ejecutivo nacional comenzó una guerra irresponsable, mal planeada y peor ejecutada, que hasta el día de hoy ha tenido como resultado la muerte de casi (más de) treinta mil mexicanos. Esta trágica realidad bélica ha traído consigo al terror y al caos, con los cuales el presidente espurio buscó legitimarse. Esta manera de buscar la legitimación no es la primera ves que se lleva a cabo, dictadores como Franco, Pinochet, Trujillo, Somoza, etcétera, la han empleado; y todos se perpetuaron en el poder explotando, aterrando y oprimiendo a sus gobernados. Por lo que se puede concluir que todos los regímenes que se legitiman por medio del miedo de sus ciudadanos se les puede llamar autoritarios, fascistas, opresores y despóticos. No obstante, aún no calificaría al gobierno actual con uno de los mencionados adjetivos; pero eso no significa que ciertas acciones ejercidas por éste no me hayan recordado a aquellas dictaduras inhumanas.

Otro asunto terrible fue el intento de reformar el artículo 27 constitucional para privatizar el petróleo. Dicha tentativa se presumía que su razón de ser no era el interés público sino la ambición de unos cuantos. Y esto me recordó una frase de Marx: "El Ejecutivo del Estado Moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía". Cabe mencionar que esta frase se dijo en una época regida por el modelo económico capitalista liberal e individualista, mismo que explotó a miles de obreros. Hoy, bajo este gobierno, el modelo económico no es otra cosa que una versión modernizada de aquél, razón por la cual existe una terrible inequidad provocada por la evasión de impuestos de los que más tienen, y de una pésima redistribución de los ingresos en la economía nacional.

Y los problemas persistieron: siguieron muriendo miles, siguieron las promesas sin cumplirse, siguieron los dueños de las televisoras embruteciendo a la gente, siguieron mostrando negligencia los altos funcionarios públicos en sus labores, siguieron empobreciéndose millones y enriqueciéndose cientos, hasta el día de hoy. Sin embargo, ahora hay novedades, negativas evidentemente; ahora existe un conflicto que todos los latinoamericanos conocemos muy bien: las desapariciones forzadas. Vuelven a desaparecer personas, como desaparecieron aquí a finales de los sesenta e inicios de los setenta, como desaparecieron en Argentina durante el "Proceso", como desaparecieron en Chile durante el gobierno de Pinochet, como desaparecieron en Dominicana mientras Trujillo gobernó.

(Ahora añado el tema de la censura, misma que prevaleció en las dictaduras anteriormente enlistadas. ¿Por qué se desaparece a quienes se quejan, informan, crean conciencia?; ¿por qué se callan las voces de la verdad, los gritos de indignación, la palabra cambio o revolución?; ¿por qué se censura? Todo esto por una simple razón: porque, como dice Piero, "cuando el pueblo sabe, no lo engaña un brigadier".)

A causa de todas estas escalofriantes reminiscencias históricas, puedo imaginarme que los dos años (un año) que quedan para que se cumpla este espantoso sexenio no serán ni mejores ni pacíficos ni productivos; pero espero que no sean peores que los cuatro que ya se cumplieron. Y si bien no tengo esperanzas en ver mejorías en el próximo par de años; no obstante, estoy seguro que si se vota por el verdadero cambio, a partir del 2012, las habrá. Consecuentemente, espero que así como en el 2000 se votó por un inútil en busca de una modificación en el poder, por qué no habría de hacerse lo mismo en 2012, a diferencia que esta vez se haría por alguien capaz, que reúna las virtudes necesarias para regresarnos la tranquilidad y brindarnos las posibilidades para crecer.

México, como todos los demás países, solamente en paz podrá progresar. Y es imperativo que esto lo entendamos todos. También, creo que es evidente de que la única manera de que reine en esta nación el imperio de la ley, el de la justicia y el de la paz, es votando por el único candidato que, en mi opinión, puede hacer esto posible; el candidato del que les hablo es Andrés Manuel López Obrador.

Es un hecho de que no será fácil evitar que la oligarquía, conformada por el duopolio televisivo, algunos empresario ambiciosos, políticos y líderes sindicales corruptos, sectores de la Iglesia y el ejército, entre otros, no intervenga como lo hizo en las pasadas elecciones electorales. Empero, si somos una aplastante mayoría esta vez no podrán contra nosotros, no se los volveremos a permitir; esta vez ya somos conscientes de lo que sucede cuando permites que tu república no sea democrática sino adopte la forma viciada de la aristocracia: la oligarquía.

Todos aquellos que creían que en un sexenio no se podía acabar con un país, tenían razón. Pero está claro que México no soportaría otro gobierno como el de Calderón. Por eso mismo, todos los que entendemos a profundidad el concepto de soberanía, solidaridad, progreso y libertad, debemos buscar el cambio, debemos crear conciencia.

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