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lunes, 11 de julio de 2011

Fin a los abusos contra el pueblo Mapuche




H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazos)



Los mapuches, cuyo nombre significa hijos de la tierra, son un pueblo indígena originario de Chile y Argentina. Durante alrededor de cuatro siglos, incluso luego de la Conquista, los mapuches mantuvieron su autonomía, establecieron una economía agrícola y cazaban junto a tribus nómadas. Vivían en paz y lejos de la urbanidad. Sin embargo, desde el Siglo XIX, los gobiernos republicanos de Argentina y Chile, utilizando sus fuerzas policiales y militares, los han sometido, discriminado y reprimido.



A causa de lo anteriormente mencionado, a mediados del siglo pasado, sobre todo en los años setenta, el "Movimiento Mapuche" se volvió una cuestión social, pública y política. Lo que impulsaba a este movimiento era la necesidad del Pueblo Mapuche de recuperar sus tierras usurpadas por los militares a lo largo de la historia. De hecho, en el gobierno de Salvador Allende, se inició una Reforma Agraria que consistía en devolverle a los mapuches los territorios que se les habían arrebatado. No obstante, a raíz del Golpe de Estado y de la dictadura militar encabezada por Pinochet, volvió la opresión y la injusticia.



Durante el régimen autoritario, seudofascista, opresor y violento de Augosto Pinochet, mediante la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), la policía secreta, se secuestró, torturó, desapareció y asesinó a miles de Chilenos, sobre todo socialistas y comunistas; empero, los mapuches también padecieron estas atrocidades. Y la manera que empleó el gobierno militar para legitimar sus delitos, fue creando el concepto "Terrorismo de Estado" y aplicando la Ley Antiterroristas.



La última ley mencionada, aparte de décadas de despojo territorial, deforestaciones, criminalización de la protesta social y la violencia policial y política, que se han ejercido en contra de esta comunidad indígena, la han llevado a realizar innumerables protestas y manifestaciones. La última fue la realización de una huelga de hambre por parte de 38 presos mapuches durante 82 días. De estos, 28 ya la han abandonado y diez permanecen autosacrificándose exigiendo, por medio de este sacrificio, que les respeten sus derechos, que se les enjuicie de forma justa y que se derogue la Ley Antiterrorista Chilena.



A estos miembros de la comunidad mapuche se les acusa de terrorismo, de daños a las propiedades nacional y privada. Y esto se debe a que simplemente, los indígenas, se han opuesto a la violencia del neoliberalismo que los lleva golpeando ya muchos años: desarrollos de presas hidráulicas, concesiones a madereras, venta de terrenos para fábricas, construcción de carreteras, entre otras, han dejado a miles de familias mapuches sin hogar, sin tierras, sin nada. Y a resultas de esto, estos hombres marginales expresan su indignación y los acusan de terroristas. Eso es injusto.



Por eso me uno a la causa de los diez presos mapuches que pronto llegarán a los cien días en ayuno. Y exijo que las autoridades chilenas tomen cartas en el asunto urgentemente, pues la salud de los huelguistas ya se encuentra en un estado delicado. Además, apoyo sus demandas; porque los derechos indígenas deben ser respetados y, sobre todo, otorgados, en todos los países de Latinoamérica; porque no puede ser posible que se siga teniendo, en Chile, una ley vigente promulgada en el régimen de la genocida dictadura militar; porque los mapuches no sólo conforman una cultura, una comunidad, más antigua que nosotros, sino que también son latinoamericanos, son hombres. Urjo a todos a reflexionar sobre este asunto y, como siempre, a crear conciencia.

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