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lunes, 11 de julio de 2011

Inolvidable el primer rescate en la Mina San José




H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazos)



Alrededor de 1632 horas pasaron antes de que rescataran al minero Florencio Ávalos. No digo 68 días o 68 noches, pues a 622 metros de profundidad no se vislumbran ni la luna ni el sol. La luz de estos se conforma con alumbrar nada más la superficie en la que todo el mundo esperaba el ascenso de este hombre, por fin, rescatado.



Ahí en la profundidad, Florencio, pasó, junto a otros 32 mineros, los poco más de dos meses que habrán de cambiar su vida. Durante este tiempo, seguramente, pasó miedo, angustia, desesperación, melancolía, tristeza, ira y, claro, felicidad cuando sintió la esperanza de ser rescatado y la noticia de que habría de ser el primero en volver a ver el cielo y a su gente.



El hombre que rescató a Ávalos se llama Manuel González. Éste descendió a las profundidades de la tierra para otorgarle a aquél un traje especial contra la humedad y para demostrarle cómo procedería el rescate. González jamás será olvidado tampoco y quedará para siempre en el recuerdo de estos trabajadores que permanecieron enterrados en vida hasta que él llegó.



Una vez ingresado, Florencio Ávalos, en la cápsula Fénix II, comenzó su ascenso. Los ojos del mundo estaban en las distintas transmisiones del rescate. Todos esperábamos que fuera un éxito. En la mina, el aire se había tornado espeso. La expectativa, la tensión, la esperanza y la ilusión eran los sentimientos en que todo el pueblo chileno se encontraba sumido.



Pero luego emergió de la tierra la cápsula y de ésta salió el primer minero rescatado. Fue recibido, entre lágrimas, aplausos y risas, por su esposa y su hijo. Luego se unió en un fuerte y afectuoso abrazo con el presidente Sebastián Piñera. Y, mientras tanto, en un emotivo y emocionante festejo, en las plazas públicas de Chile hondeaban banderas, se gritaban vítores, se aplaudía, se derramaban lágrimas de alegría.



Se logró el primer rescate y ya casi se logra el segundo. Esta noche, el pueblo chileno, ha dado, al mundo y a Latinoamérica, un ejemplo de solidaridad, de amor, de respeto, de entrega y de lucha. Nos ha enseñado la entrega y el trabajo de una nación unida. Los chilenos se abrazan y se besan, porque su tierra, con la ayuda de su gente, parió, trajo al mundo y a la libertad, a un obrero.



Florencio Ávalos ha vuelto a nacer inmortalizándose. Gracias a su valor, a su fuerza y a su templanza. Gracias a él y a Chile, muchos nos dimos cuenta de lo importante que es el amor al ser humano, al trabajador, al Estado, a un presidente, al obrero. ¡Eso es un país unido, eso es una nación respetable! Aprendamos de ellos, seamos conscientes.

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