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martes, 12 de julio de 2011

La izquierda desmemoriada sigue apoyando a Fidel Castro



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Admiro y respeto a Fidel Castro. Creo que es, hoy en día, el líder mundial vivo más importante que hay, junto con Nelson Mandela.

Cuando leo sobre la Revolución Cubana me estremezco, me emociono y sueño. Sin duda es de los acontecimientos de la historia más románticos, heroicos e inolvidables que el hombre haya visto, experimentado, vivido jamás.

Cuba, en los años sesenta, era la esperanza para Latinoamérica. Los cubanos le habían demostrado al mundo que se podía vencer al Águila Imperial, a la tiranía, a la desigualdad, a la opresión, a la oligarquía y a la injusticia. "Los barbones" habían triunfado; y estudiantes, obreros y campesinos del mundo comenzaban a soñar. El socialismo era una realidad, y estaba a un palmo de distancia del puño del proletariado americano.

Los revolucionarios eran los redentores de los desposeídos, de los esclavizados, de los reprimidos, de los explotados, de los miserables. Eran las personas más humanas, justas, nobles, honestas. Las balas de sus fusiles portaban la liberación, la democracia, la felicidad.

Y se instauró, según estos héroes de América, el socialismo en Cuba. Hoy en día, los cubanos gozan de servicios públicos extraordinarios y se benefician de programas de desarrollo social que pocos países emplean. A nadie le falta educación, medicina, trabajo.

Sin embargo, Cuba no es ni el paraíso ni la patria de la humanidad de la que La Internacional hace alusión. 

En Cuba hay inequidad económica y política, se instauró una dictadura represora que ha violado Derechos Humanos una y otra vez. Garantías Individuales como la libertad de expresión, la de tránsito, de asociación, etc. no existen. Tampoco hay democracia ni alternancia en el poder. 

La Revolución Cubana derrocó a un dictador y el gobierno revolucionario terminó convirtiéndose en una dictadura.

Aquí en México, bajo un gobierno de derecha, los ciudadanos gozamos de mayor libertad que los cubanos que viven bajo un régimen, según sus gobernantes, de izquierda radical.

Yo he estado en Cuba, y no está tan mal como dicen. De hecho creo que está progresando. No obstante, vi a cubanos ricos y a cubanos pobres; me sorprendí al ver que también había gente hambrienta. Me desilusioné cuando gozaba yo de mayor respeto para las autoridades que sus compatriotas. Lloré al encontrar tanta prostitución. Qué desilusionado me sentí al percatarme de que los cubanos son muchas cosas, pero libres no son.

Y saldrán izquierdistas mexicanos, como yo, a decirme "facha de mierda", reaccionario, derechista, antirrevolucionario y un largo etcétera de adjetivos que se utilizan para nombrar a los derechistas. Lo harán porque saldrán a la defensa de Fidel Castro, el líder de la izquierda latinoamericana. Pero, sobre todo, me llamarán así porque, insisto, el mexicano no tiene memoria.

Lo resumiré en pocas palabras: Fidel Castro Ruz traicionó de manera desvergonzada, ruin y mezquina a la izquierda mexicana. El comandante cubano avaló el fraude electoral de 1988 acudiendo a la toma de protesta de Carlos Salinas de Gortari como presidente de la República. El revolucionario le aplaudió al principal enemigo de las izquierdas de México. ¿Qué ya lo olvidaron? Y luego le dio asilo en su patria. 

Castro no apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas cuando este último, la izquierda y el pueblo de México lo necesitaban. En cambio, festejó el triunfo de quien le robó al hijo del general Lázaro la presidencia.

Soy de izquierda y apoyo a Andrés Manuel López Obrador. Empero jamás estaré del lado de dictadores. Y creo que AMLO tampoco. Creo que el candidato a la presidencia en 2006 tampoco olvida la traición de Castro. Por eso jamás se ha relacionado ni con éste ni con Chávez ni con Evo ni con Kadafi, etcétera.

Estoy de acuerdo con una administración que proporcione y apoye los subsidios, los programas de desarrollo social, los servicios públicos, la redistribución de la riqueza, los estímulos fiscales a las pequeñas y medianas empresas y no a las corporaciones, la paraestatalidad. Pero no creo que sea justo expropiar arbitrariamente, despojar al rico para darle al pobre, prohibir la iniciativa privada, generar clasismo y resignación social, polarizar a la sociedad entre proletarios y burgueses. Todo esto último son anacronismos y acciones radicales que en ningún lugar del mundo han dado resultado.

Por supuesto que no apoyo al neoliberalismo; al contrario, pienso que es necesario instaurar un Estado benefactor cuanto antes posible.

Yo apoyo una izquierda como la de Andrés Manuel, Lula, Felipe González. Una izquierda ciudadana, no militar; una izquierda democrática, no radical; una izquierda posible y actual, no rudimentaria y utópica; una izquierda que administre lo que mencioné que estoy de acuerdo, y no como la que considero injusta; es decir, lo enlistado en el párrafo anterior.

Yo sólo pretendo crear conciencia.

       

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