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lunes, 11 de julio de 2011

Latinoamérica no sólo es tierra y agua




H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazos)



Ascendiendo y abarcándolo todo, desde la helada Patagonia hasta el Desierto de Sonora, recorremos, cerca del cielo, la cordillera de los Andes y, al mismo tiempo, sumergidos en la espesa selva tropical, tomamos un descanso para beber del caudal del Río Amazonas. Y en nuestro viaje recordamos cinco siglos de esclavitud, de colonialismo, de represión. Caminamos sobre la tierra en la cual se derramó sangre de los dueños de este continente, sangre pura e inocente. Y al pasar por Iguazú, los gritos de júbilo, los vituperios a la independencia, se escuchan más fuertes que el rugir de las cataratas. Pero luego el rostro de un indígena, llena la atmósfera de un implacable silencio. Y así, de forma silenciosa, seguimos viajando hacia el norte, viendo podredumbre en la miseria, viendo podredumbre en la opulencia.



Al pasar sobre las fosas de los que lucharon por la libertad en dictaduras genocidas, el estrépito de un llanto franquea al silencio. Es un ruido estremecedor, es la agonía de las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, es la aflicción de los que perdieron a gente que luchó por la justicia, es la furia de los latinoamericanos enemigos del fascismo y la opresión. Sin embargo, llegando al Ecuador, cánticos de revolucionarios triunfantes nos hacen cantar y bailar. Se escuchan las cadenas quebrarse, en el cielo se vislumbra al águila de cabeza blanca huir, vencida por los pueblos de Latinoamérica.



Pero la música cesa y el trayecto sigue. Ahora nos dejamos sorprender por nuestro pasado precolombino en Machu Pichu y antes de que terminemos de maravillarnos con esa arquitectura, con esos avances y esa evolución, nos deslumbra la arqueología Maya y la Mizteca y la Zapoteca y la Mexica y la Teotihuacana. Sin embargo, el júbilo se suspende cuando nos damos cuenta de que nos encontramos cerca de nuestro destino, pero lejos de lo que esperábamos que fuera. Y ahí sobre el reino de la antidemocracia, la injusticia, la desigualdad y la impunidad, nos tomamos un momento para llorar. Y ya en nuestro destino, comprendemos que si Latinoamérica no es perfecta, es a causa de que algunos latinoamericanos la hemos prostituido, vendido, ensuciado y destrozado.



El latinoamericano es asesino del latinoamericano. El enemigo de Latinoamérica reside en esta tierra. No olvidemos a los héroes, que le han dado patria a todos los pueblos americanos, que han muerto asesinados, por mencionar algunos: Madero, Zapata, Villa, Sandino, Guevara, Jara, Allende. Porque Latinoamérica no sólo es la tierra de sus valles, laderas, montes, cordilleras, pampas, montañas y volcanes. Porque Latinoamérica no sólo es el agua de sus ríos, lagos, lagunas, golfos y mares. Latinoamérica es también la historia de conquistas, independencias, revoluciones. Y, por supuesto, Latinoamérica es, sobre todas las cosas, sus héroes, su pueblo; Latinoamérica es también carne y es también hueso; Latinoamérica somos todos.



Por eso hoy, sin importar las ideologías, invito a todos a reflexionar sobre las tragedias que han traído consigo los Golpes de Estado, sobre la injusticia que significa atentar contra la voluntad del pueblo. No le aplaudamos a los golpistas, defendamos la democracia. Y por eso hoy yo, como latinoamericano, le expreso mi apoyo a Ecuador y a su presidente. Porque creo que prevalece el interés de una nación sobre el de unos cuantos militares, porque creo que los gobiernos democráticos y porque creo que es necesario apoyarnos como pueblos de Latinoamérica. Mostrémosle apoyo al presidente Rafael Vicente Correa Delgado, creémos conciencia.

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