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lunes, 11 de julio de 2011

¿Mandar al carajo a la Iglesia?



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazos)



Dan George, jefe indio canadiense, dijo: "cuando el hombre blanco llegó teníamos la tierra y ellos tenían la Biblia, ahora ellos tienen la tierra y nosotros tenemos la Biblia". Aquí no sucedió lo mismo, pues los evangelizadores, ancestros políticos e ideológicos de los curas de hoy, se quedaron la tierra utilizando la Biblia y terminaron quedándose con las dos; y a los indígenas no les dejaron nada. Y es que evidentemente uno de los distintos usos que se le pueden dar a las sagradas escrituras es para que aquellos que dicen tener la palabra de Dios manipulen, engañen y controlen a sus creyentes para atender intereses particulares que nada tienen que ver con los dogmas religiosos. Pero si estos hombres van a hablar, que se limiten a hacerlo dentro de sus iglesias y que sólo hablen de religión. Porque cuando empiezan a opinar de política, o a hablar de algo que nada tenga que ver con la teología, sólo dicen incoherencias, insultos, imbecilidades.



El vocero de la arquidiócesis, Hugo Valdemar, es el ejemplo perfecto de que los curas tienen lengua y testículos así como los aviones tienen ceniceros: de adorno nada más, pues no los utilizan ni se supone que los deben utilizar; sin embargo, hay ciertos padres que ignoran esas prohibiciones. Y cuando a alguno de estos hombres de Dios se le ocurre utilizar su lengua o sus testículos, provoca, siempre, un resultado negativo: embarazan a un menor violado, dejan hijos huérfanos y miserables, causan traumas psicológicos, o bien, dicen alguna estupidez. Cada vez que el vocero Valdemar dice algo idiota, se asume que proviene de todos aquellos a quienes representa; consecuentemente, propongo que tanto él como todos los ministros de culto se deben, por lo menos, de callar.



Mas no solamente Valdemar, quien hace poco tiempo afirmó que las leyes del Gobierno del Distrito Federal dañaban más a la nación que el narcotráfico, hace declaraciones tan imbéciles; muchos colegas suyos también muestran su ignorancia, indiferencia e irresponsabilidad, en cuanto a las políticas del país, cada vez que abren la boca. Por dar otro ejemplo en cuanto a lo que la Iglesia ha comentado respecto a las anteriormente mencionadas leyes, es la última intervención de Sandoval Íñiguez, quien dijo que eran "dictatoriales y contrarias a la democracia". Instantes más tarde, el mismo cardenal, se planteó la siguiente interrogante: “¿Cómo es posible que unos cuantos individuos legislen para 110 millones de mexicanos sin tomarlos en cuenta, sin requerir la opinión de la mayoría?”. A lo que yo le respondo con la Constitución, Ley a la cual la Biblia está subordinada en este país:

ARTICULO 40. ES VOLUNTAD DEL PUEBLO MEXICANO CONSTITUIRSE EN UNA REPUBLICA REPRESENTATIVA, DEMOCRATICA, FEDERAL, [...]

A causa de la representatividad, señor Sandoval, "unos cuantos individuos" legislan para todos nosotros.



Tomando en cuenta que la sedición consiste, entre otras cosas, en incitar a una sublevación contra el orden público, el cardenal, al oponerse al Poder Legislativo y al carácter de representatividad consagrado en nuestra Carta Magna, se puede presumir que está cometiendo ese delito. Pues claro está el grado de influencia que tiene este hombre y lo que pudiese llegar a provocar con ese tipo de acusaciones en contra del Estado. Pero si gobernación no se atreve a sancionar a este hombre, propongo que entonces, por lo menos, se calle.



Y si bien las declaraciones que han hecho obispos, curas y cardenales atentan contra el orden normativo, público y social de la nación. No obstante, la Iglesia Católica tiene defectos mucho más graves y de alcance mundial. Consecuentemente, urjo a todos a que les exijamos que reformen sus instituciones, cambien su ideología y ejerzan con honestidad y congruencia, pues si siguen aprovechándose de la ignorancia de los miserables; si insisten en seguir aliándose a la oligarquía y no al pueblo; si no paran de robar y de desestabilizar a nuestra sociedad que lucha por progresar; si la Iglesia no cumple con lo que debería de cumplir y no apoya el cambio y no nos escucha, entonces debemos prescindir de ella.



La Iglesia Católica de hoy no para de verse envuelta en escándalos en todo el Mundo. No paran las denuncias de abusos sexuales. Cada día, sobre todo en Europa, surgen noticias que muestran la perversidad de algunos de sus representantes. Aquí en América, específicamente en México, salieron a la luz las atrocidades, perversiones, degeneres, abusos imperdonables e inhumanos que cometió el fundador de una de las congregaciones más importantes del catolicismo: Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo.



La última acusación que se hizo contra la Iglesia Católica fue la de "Lavado de dinero". Hoy se investiga al presidente del Instituto vaticano para las Obras Religiosas (IOR), Ettore Gotti. Esto muestra el grado de corrupción que alcanza esta institución religiosa. ¿Cuánta gente comería si las iglesias otorgaran parte de su patrimonio para ser más austeras? ¿Cuántos saldrían de la miseria si la Iglesia de verdad se preocupara por sus fieles? ¿Cuántos no hubiesen luchado más en sus vidas si no les hubieran dicho que la razón de su pobreza era por voluntad de Dios?



La Religión Católica enseña hermosos principios. Pero así como la belleza del marxismo se opaca ante el horroroso régimen de Stalin, la importancia del catolicismo desaparece ante la imagen lamentable de sus fachadas y de sus ministros. De verdad es indignante que algunos de los grandes jerarcas de esta religión no sean otra cosa que unos políticos corruptos, demagogos, mitómanos, encubridores de pedófilos, pederastas y ladrones.



Por eso, insisto, propongo que se reformen ciertos dogmas de la Religión Católica, que se le de siempre una interpretación a la Biblia que no perjudique a nadie, que los curas, obispos, cardenales, etc. no se metan en asuntos del Estado y que acepten y respeten la secularización política y jurídica que existe en los países laicos, que no fomenten la discriminación ni el odio inculcando ideas que inciten a los prejuicios morales, que estén junto al pueblo y no por encima de él a lado de la oligarquía, que ejerzan de forma honesta, congruente y digna y, por último, que demuestren ser hijos de Dios y no hijos de la chingada.



Porque si la Iglesia no cambia antes de que la ciencia, la inteligencia, el humanismo, las ideas, la hundan en el olvido de la gente, será la sociedad la que la mandará al carajo. Pues el pueblo entenderá que el motivo de subordinarse a alguien o a algo siempre será para recibir algo a cambio. Y la Iglesia no da, la Iglesia quita. Como mexicanos debemos de prohibirle a la religión que frene nuestra evolución intelectual, nuestro progreso humano. Debemos de gritarle a los curas: ¡cállate!, ¡no me toques!, ¡devuélveme!, ¡dame! Y si no nos hacen caso, debemos mandarlos al carajo, a ellos y a sus superiores y a toda su Iglesia. Pues ya se dijo antes: "La única Iglesia que ilumina, es la que arde".



Respeto y admiro a la gente creyente, he llegado a envidiarles la facultad que tienen para tener fe. Además un verdadero católico siempre será un socialista místico, bueno, empático y solidario. Pero así como a los malos políticos debemos hacérselo saber, a los malos ministros de culto por igual. Quiero que quede claro que mi opinión aquí expresada en cuanto a la Iglesia, no es una afrenta ni una crítica ni un insulto a los devotos. Esto es solamente una manera de aconsejar para que se crée conciencia.


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