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martes, 12 de julio de 2011

Más que enojo, provocan lástima quienes calumnian a AMLO




H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)


Siempre he sido simpatizante de Andrés Manuel López Obrador. He manifestado mi apoyo hacia él desde que los políticos al servicio de la oligarquía intentaron desaforarlo. Y el movimiento que este gran político encabeza contará conmigo, por lo menos, hasta que en 2012 triunfe, librando así a México, definitivamente, de los gobiernos corruptos, negligentes, rapaces, totalitarios, opresores, del PRI y del PAN. Es necesario. Porque estos dos partidos, y ahora la dirigencia del PRD también, no representan ni son otra cosa que un comité administrativo de los intereses y negocios de los grandes potentados de este país.

Existen más de muchas razones por las cuales millones y yo estamos con AMLO: fomentar una conciencia colectiva, acabar con el neoliberalismo, impulsar la ciencia, la educación y la cultura, otorgar estímulos fiscales a las pequeñas y medianas empresas y cobrar un verdadero impuesto sobre la renta a las grandes corporaciones. En pocas palabras, se pretende transformar nuestra República mediante la revolución de las conciencias y el trabajo de todos los mexicanos (véase la síntesis del Proyecto Alternativo de Nación http://www.gobiernolegitimo.org.mx/documentos/proyecto_alternativo.pdf ).

Sin embargo existe una razón preponderante por la cual casi todo México apoya la candidatura de López Obrador: porque es el único que habla de amor.

Es un hecho que la gran mayoría que simpatiza con Felipe Calderón y se obstina en defender la inexistente legitimidad de su gobierno, no tienen una idea de lo que es el amor, al contrario: el actual sexenio se ha caracterizado por ser el más sangriento de la historia de México. Desde el año 2006, el pueblo mexicano, ha vivido aterrado, afligido, indignado, oprimido, manipulado y profanado. Ciegos quienes se atrevan a negarlo. Peor aún quienes crean que tienen argumentos para justificar esta guerra irresponsable, fallida...perdida.

Jamás olvidaré el día que Calderón, en el Auditorio Nacional, en plena celebración panista a finales de noviembre, al mencionar su empresa ilusa para acabar contra el crimen organizado, provocó euforia en los presentes. Éstos, como cavernícolas, como salvajes, como brutos, como hombres no sapientes, gritaron: "¡Duro, duro, duro!". ¿De qué se regocijaban tanto estos imbéciles?, ¿de tanta dolencia, de tanta miseria, de tanta muerte, de tanto miedo? Yo no encuentro un solo motivo para celebrar el cuarto año de gobierno de Felipe de Jesús; no obstante, se me ocurren mil como para exigirle que renuncie. Sí, que renuncie; y es que debe ser un sinvergüenza o un soñador si cree que acabará su gobierno y dejará a un México próspero, en crecimiento y en paz. No será así.

También se nota el odio que corre por las venas de alguna gente del PAN al calumniar, insultar, vituperar o difamar a la gente que no comulga con sus ideas. En el PRI también hay demasiada gente así. Debe ser porque sus partidos no les han dado ni una razón por la cual sentirse orgullosos de ser panistas o ser priistas. Debe ser escalofriante apoyar a un partido que no hace más que saquear los recursos de tu país, de llenar los bolsillos de los gobernantes, de asesinar a sus gobernados, de destruir, lentamente, la nación que gobiernan.
¿Cuántas veces me han llamado naco, chairo, gato, pobre, indio, por apoyar a un movimiento de izquierda? Muchas. No me importa. Porque mientras ellos se desatan insultando al candidato que yo apoyo, yo me compadezco de los que apoyan ellos -sobre todo del televiso-. Además, no existe gratitud más grande que ver a un mexicano consciente. Y muy valiosos son los simpatizantes del movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador que son de derecha, conservadores, apolíticos, de las clases favorecidas. Pues son ellos los que se abrieron, los que entendieron que quienes decían que habrían de ver por ellos, los defraudaron, como al resto de los mexicanos también.  Esas personas que ya se dieron cuenta de que el único que puede guiar a México hacia el progreso es el tabasqueño, valen la pena.

Y será el amor un pilar fundamental en el inminente nuevo gobierno. Sólo con amor se logrará acabar con el egoísta y soberbio individualismo fomentado por el modelo económico neoliberal; sólo con amor se logrará crear una sociedad consciente de sus diferencias pero identificada por la misma causa: el bienestar de todos; sólo con amor se dejará atrás la voraz competencia y la feroz avidez de los empresarios; sólo con amor se logrará impartir una educación que promueva la fraternidad, la equidad y la libertad; sólo con amor volverá a estar México en paz, que cuánta falta hace esta última.

Por eso considero lamentable que haya todavía quienes creen que la solución es la guerra, el libre mercado, la meritocracia, la frivolidad, la opulencia, la vanidad, el peinado, ya que no será nada de lo anteriormente enumerado lo que salvará a México, será su pueblo, su voz, su trabajo, su sudor, su voluntad. Y esta última es que en 2012 Andrés Manuel López Obrador gane las elecciones presidenciales.

Necesitamos un cambio radical, una revolución. Sin embargo, todo debe ser en paz. Nuestra revolución no la pelearemos con fusiles, la lucharemos en las urnas con la pluma con la que tachemos la foto de AMLO. Y ganaremos, ganará México. Es imperativo que sigamos persuadiendo a los escépticos, informando a los ignorantes, debatiendo con los opositores, defendiéndonos de la oligarquía y mandando al carajo a los calumniadores idiotas que no tengan nada que aportar que no sea un insulto. A crear conciencia.

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