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domingo, 31 de julio de 2011

Miguelito y su primer día de clases




H. E. Cavazos Arózqueta 

Al Colegio Alemán Alexander von Humboldt, con cariño.

El niño sueña; sueña con unicornios, hadas madrinas, brujas, hechiceros. El niño se llama Miguelito. La noche es arrulladora y silenciosa; la paz y el descanso predominan en la habitación; no obstante, el padre de Miguelito, don José, irrumpe en la pieza, prende la luz y quebranta el silencio. Y Miguelito gime y le dice, entre gruñidos, a su papá que no, que no quiere ir a la escuela; y don José que cómo no iba a ir, que se pare en este instante. El niño, a causa de la violencia de su despertar, se encuentra en dos mundos: el real y el onírico, es decir, en lo superreal. Su mente divaga en ojos, tanto amenazantes como amigables, sonrisas, máscaras de carnaval y, lo de antes, lo fantástico: unicornios, hadas madrinas, magos, etcétera. Abre los ojos y cangrejos en las paredes y su papá acercándose, mas no se acerca. En el techo, el niño, vislumbra lagartijas que lo cruzan a toda velocidad; sus muñecos le sonríen y le aconsejan: no debe levantarse todavía. Don José, inconciente de la experiencia de su hijo, sigue con sus mensajes imperativos. Sin embargo, Miguelito cabalga sobre su casa en un unicornio plateado y al mismo tiempo los objetos de su invitación: los juguetes, el armario, su padre bajo el umbral y las paredes tapizadas. Y el papá que ya, que ya es muy tarde y que no se lo va a volver a pedir. El niño se debe levantar. Ahora se levanta Miguelito; saluda a su papá y se dirige al baño. Con su imagen frente a él se lava los dientes y se moja la cara; luego de la pulcritud, la pudicia: se viste rápidamente con calzoncillos, calcetines, pantalones cortos, camiseta, sudadera, tenis y gorra de un equipo de fútbol. Ahora baja al desayunador; ahí come un pan con mantequilla y mermelada, preparado por su papá, y toma un vaso de agua. Después de alimentarse, Miguelito, se dirige a la escuela por primera vez. Jamás había ido al colegio; no conoce el verbo estudiar; se siente nervioso y entusiasmado; mas, sobre todo, curioso. El niño no sabe que la curiosidad mató al gato, y que esta vez, por no tratarse de un felino, matará un trozo de su niñez. Conocerá la responsabilidad, y su libertad se limitará en miles de casos. Miguelito no sabe a lo que está por enfrentarse y, como es de suponerse, no le gustará. En su próximo sueño habrá nuevos personajes, más terroríficos: los profesores, las fraus y los hers: monstruos mitológicos mucho más temibles que la peor de las brujas o el más violento de los piratas… En fin, todo esto desatará el primer día de clases en la chule de Miguelito.

1 comentario:

  1. En respuesta a la invitación por Twitter, pasé por tu blog y me encontré con la vena artística de la narración que no te conocía y la cual compartimos, sólo te reconocía por las excelentes como polémicas columnas en SDP. Me agradó muchon este cuento, espero leer más y que también te des una vuelta por mi blog:

    mefistomx.blogspot.com

    Un abrazo,

    Rafael Suarez Vazquez
    @mefistomx

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