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martes, 12 de julio de 2011

Ni la Iglesia ni el ejército ni el PAN nos salvarán



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)



Ayer fue 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Curioso que en el año en que festejamos el Bicentenario de la Independencia, celebremos a la santa patrona de México, ya que uno de los más importantes y fascinantes héroes que nos dieron patria, Fray Servando Teresa de Mier, negó su aparición en un sermón que dio en 1974 en el entonces llamado "santuario de Tepeyac". En su sermón, el fraile, dijo que la predicación guadalupana era de épocas de Santo Tomás, quien había traído la palabra de Dios siglos antes que los colonizadores españoles, y que la imagen de la virgen en el ayate de Juan Diego, era, en realidad, la imagen de María en la capa del apóstol. A raíz de esto, exiliaron a Teresa de Mier y vivió cientos de aventuras y proezas hasta que regresó, junto con Xavier Mina, a participar en la liberación de nuestra patria del dominio de la corona española.

Ayer leí que cientos de miles de mexicanos pidieron a la virgen y a Dios que cesara la miseria, el sufrimiento, la pobreza, la violencia. Supe que la Iglesia Católica llamó al acercamiento a Dios para vencer la crisis que atravesamos como pueblo y como país. No dudo que los del Yunque y la mayoría de los panistas hayan hecho lo propio. Los comprendo. Porque la mayoría de los creyentes de este país votaron por el PAN, y como su partido simplemente no tiene la capacidad para salvar a México, se lo piden a sus dioses. Me compadezco de aquellos fatalistas que se obstinan en defender a Acción Nacional y a quien se ostenta como presidente de la nación, pues creen, cual retrogradas y salvajes, que la fuerza soluciona todo, y que lo que ésta no logra solucionar, se lo encargan a Dios.

Sólo las manos de todos los mexicanos pueden salvar a México. Las cosas no están tan sencillas como para dejárselas a seres intangibles, en mi opinión, irreales, imaginarios. La fuerza bruta, los balazos, tampoco lograrán nada. ¿Cómo pretender combatir lo real con lo ficticio?, ¿cómo pretenden buscar la paz mediante la violencia?, ¿cómo pretenden instaurar una democracia llevando a cabo fraudes electorales?, ¿cómo pretenden lograr el bienestar común de la población si la mantienen aterrada? La verdad, la triste verdad, es que no pretenden lograr nada de lo anteriormente mencionado. La oligarquía, misma que nos gobierna, sólo busca su interés propio. Por eso es inhumana, rapaz, opresora, manipuladora y asesina. Debemos acabar con ella.

A parte de leer sobre las plegarias de un sector de la sociedad, leí unas palabras sabias, emotivas, de Paco Ignacio Taibo II:

Cuídate del comandante de la judicial, que en sus horas libres, las horas que le sobran de golpear estudiantes o torturar campesinos, no se dedique a estrangular mujeres. Cuídate del presidente de la República, del dueño de la fábrica de enfrente. Quizá ellos estén también jugando en el borde de su sistema, del que han creado y sobre el que permanecen como perros dogos, zopilotes cuidando sus carroñas. Cuídate de los milagros, de los militares, del cielo, de los apóstoles.

Ése mensaje quisiera que llegara a todo México.

En conclusión, pido a la gente que busque el cambio, la transformación de la República, mediante la revolución de las conciencias. La permanencia, la conservaduría, solamente nos ha de mantener en la miseria en la que nos encontramos. Somos más que la oligarquía, somos más que la Santísima Trinidad, aquella la conforman unos 30, a ésta, evidentemente, nada más tres; nosotros, el pueblo mexicano, somos millones. Calles se dedicó a quemar iglesias y a perseguir a curas; Cárdenas creyó que no era necesario; que iba a educar al pueblo y que una vez educado tendría un país repleto de iglesias vacías. Falta educación en México, y ayer se notó. A crear conciencia

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