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domingo, 17 de julio de 2011

Todo es muerte en la guerra contra ‘el narco’


H. E. Cavazos Arózqueta

Recuerda que su padre alguna vez le dijo: << las oportunidades, la lana, mijita, están en la sierra, no en la escuela >>. Y suspira con nostalgia.
-Nos desorganizaron esos hijos de la chingada, Arnulfo -dice Amalia, "la Titi", Zúñiga, tosiendo y con voz rasposa. Y exhala el humo.
Sostiene en la mano un "churro" de la mariguana de su plantío. Está cómodamente recostada en su sofá de piel de cocodrilo, con sus botas de piel de avestruz reposando en la mesa de ébano. Arnulfo la escucha. Sabe perfectamente que mientras medita "la Titi" no hay que desconcentrarla. Si lo haces, simplemente <<te lleva la chingada, pinche Arnulfo. Te juro que la próxima vez que me veas fumar y meditar, y me interrumpas con uno de tus pinches rebuznos, pendejo, te mando a que te corten la lengua y te peguen un tiro entre ceja y ceja, cabrón>>; le había dicho Amalia el día que la conoció y osó decirle: <<a ver, patrona, péreme tantito, ¿cómo de que...>>; entonces fue cuando lo amenazaron.
-Si estábamos chambeando tranquilos. Cada quién su plaza, cada quién con sus protectores, cada quién con su cacho de frontera. Pero tenían que venirnos con la mamada de que ya no, de que ahora no nos vamos a arreglar con lana sino a putazos. Y nos la están pelando. ¿Pero ya es demasiada sangre?; ¿y nos la pelarán siempre? -añade interrogándose "la Titi".
Arnulfo no sabe si responderle. Decide no hacerlo. Y Amalia prosigue:
-Sabes, Arnulfo, yo me metí a este negocio por odio a la vida y amor a los dólares. Y durante el día, mientras disfruto de mi chingos de lanas, no lamento haberlo hecho. Aunque déjame confesarte que sí paso algunas noches arrepintiéndome, incluso, hasta de haber nacido.
Zúñiga le da la última calada a su "churro", aspira, retiene el humo durante algunos segundos y exhala. Acto seguido, lo apaga en su cenicero de oro, mismo que sólo utiliza para depositar ceniza de "mota", nunca de tabaco, para ese, dice cuando le preguntan, están los de plata.
De pronto irrumpe en la habitación un joven de unos 16 años, un halcón.
- ¡Siñora, siñora Zúñiga! -grita el adolescente agitado-. Dejaron en la puerta del rancho la cabeza del "Cobra". La mandan los López Pérez.
Amalia, tranquila, lo voltea a ver lentamente y le dice, quedito:
-Te salvaste, chamaco. Si hubieras venido a chingar hace dos segundos, te hubiera llevado la chingada. ¿O no, pinche Arnulfo?
-Sí, señora...patrona -responde Arnulfo.
El halcón se queda perplejo. Comienza a sudar. <<¿Y ahora qué putas hice? ¡No mames!, ¿qué hago?>>; y la rodilla le tiembla.
-Tranquilo, escuincle...tranquilo. ¿Cómo te llamas?
-Me lla...me llamo...Anacleto, patrona.
-A ver, Anacleto, ¿ya te vas a tranquilizar?
-Me tranquilizo, patrona -respira el joven -. Pero le juro que ahí en la entrada del rancho está la cabeza del "Cobra". ¿Qué hacemos? Usté' ordene.
-Tírenla a la basura. Y dile al "Pantera", al "Angora", al "Sabueso" y a la "Iguana" que vengan -ordena la patrona-. Y mándame con Juanita una botella de mezcal, por favor.
<<Sicario por sicario>>, se repite Amalia para sí misma, como queriendo justificar la noticia que había recibido. <sicario por sicario. Así es este pedo, Amalita...así es este pedo...>>.

***

"El Cobra" despierta y no ve nada. Luego se percata de que tiene los ojos vendados. Se siente mareado. Un dolor insoportable le provoca la sensación de que la cabeza le va a explotar. No recuerda nada. Está muy confundido. Solamente está seguro de una cosa: hoy es su último día con vida. Lo van a matar. Espera que sea lo antes, y lo menos doloroso, posible. Y empieza a sudar. Contiene el llanto.
-No mames, pinche "Cobra". De todos eres el que menos pior me cae. Esa "Titi" culera... Nos hubiera entregado al "Angora" o al "Chapulín". Pero no, te dio a ti. Qué mal pedo... -dice una voz que le suena familiar, pero que aún no reconoce. 
<<Hija de su reputísima madre. Me entregó la ramera>>, piensa "El Cobra". <<Y todo porque la pendeja, bien peda, atropelló a un gatillero, sin querer, de los hermanos Pérez López. ¡Me lleva la verga! Me cae que le voy a ir a jalar las patas cuando acabe este desmadre>>.
No dice nada. Simplemente quiere que ya lo maten. Pero escucha a su verdugo. <<¿Será el "Pifas"? No. ¿Quién será este cabrón?>>, se pregunta "El Cobra".
-Mira "Cobra", pa'que veas que nunca me caíste mal, te voy a inyectar un pazón de heroína para que no te mueras feo. Y ya después te hago todas las mamadas que sean necesarias. Eso sí: no esperes tener un funeral con ataúd abierto, carnal. Lo siento.
-Gracias -responde "El Cobra". Y siente el piquete.

***

El golpe del filo del machete con la articulación es certero: la cabeza se desprende del cuerpo inerte. La sangre cubre lentamente la superficie alrededor del cadáver y las botas del "Bucher"; <<quesque así se dice carnicero allá en el gabacho>>, contesta siempre que le preguntan que qué es "bucher", "El Bucher"
-Guardas el cuerpo cuando empaquetes la cabeza- le ordena a su espalda la voz de su patrón, "El Hondureño", encargado de los sicarios de los Pérez López -; ya ves que luego necesitamos brazos, manos, dedos, patas, para asustar a la tira y al gobierno.
-Claro que sí, jefe. Ahorita mismo lo guardo en el congelador.
-Cuando termines, mandas la cabeza al rancho de "La Titi" con Everardo, el chamaco nuevo. Y después me mandas con Lupita dos botellas de Tequila.
-Cómo no, Sr. "Hondureño".

***

Arnulfo se encuentra acostado, boca arriba, en su cama, muy enfadado. No puede creer que la cabeza de "El Cobra" esté en la basura. Le indigna que los restos de un hombre tan leal, tan valiente, tan "a todísima madre y tan chingón" no hayan recibido un sepulcro digno.
El nuevo hombre de confianza de la Sra. Amalia, "La Titi", Zúñiga, está indignado. En el poco tiempo que lleva con ella le ha aguantado mucho, demasiado. Pero el reciente suceso con la cabeza de su amigo, "El Cobra", le pareció atroz, brutal, salvaje. Y no lo va a permitir.
<<Mi compadre siempre tan fiel a esa hija de la chingada. Nunca pensó en traicionarla, en venderla. Y esta perra se lo manda a los Pérez López a cambio de la vida del "Veterninario". No jodas. Qué pinche vieja tan más hija de puta>>, se dice a sí mismo Arnulfo. <<Pero esto se va a acabar. Yo ya aguante harta pinche humillación y amenaza. Me la voy a chingar. Y no voy a pedirle nada a cambio a nadie. La voy a matar solamente por el simple hecho de ser una ramera bien culera>>. Acto seguido, comienza a planear el crimen. Sabe que es lo último que hará. No le cabe la menor duda de que después de matarla, lo matarán. Sin embargo, antes tiene que llevar a cabo un último asesinato: matar a "El Bucher" por hijo de la chingada. Por haberle cortado la cabeza a su amigo, "El Cobra". 

***

Ahogado de borracho, "El Hondureño", sabe que le queda poco tiempo de vida. Recibió hace sólo unos instantes la noticia de que los marinos y los Federales habían matado a Rigoberto Pérez López y que el hermano menor de este último, Ismael, se había dado un balazo en la cabeza cuando la Federal tenía su casa rodeada. Piensa, mientras abre la segunda botella de Tequila, que no deben tardar en dar con él; que no ha de ser larga la espera de su muerte. Y sigue tomando. 
Entra en la habitación "El Cherif".
-Sr. "Hondureño": ya nos chingamos a todas las familias de los cabrones que nos mataron a los patrones.
-Muchas gracias. Los señores Pérez López estarán muy agradecidos de que se les vengó. Nimodo, así es la venganza. ¿Qué culpa tenían esas madres, esos hijos, de tener a un poli o soldado en su familia? Ninguna. Pero así es esto.
-Y a "los polis" los tenemos en la bodega. ¿Qué hacemos con ellos?
-Déjenles claro que ya no van a llegar a ningún lado; que si esperaban una recompensa, un reconocimiento, un ascenso en su escalafón, que están bien pendejos. Córtenle los pies a todos, y esperen a que se desangren.
-Como usted ordene, jefe.
-Gracias.
"El Cherif sale de la habitación a cumplir órdenes. 
-¡Lupita! -grita "El Hondureño" -. ¡Lupita! Puta madre...no me escucha...
-¿Sí siñor? -responde una voz aguda a lo lejos con otro grito.
-¡Mándame otras dos botellas de Tequila!
Antes de comenzar con la tercera botella, "El Hondureño", va al baño, vomita en el lavabo y toma la última decisión de su vida: tomar esa noche hasta perder el conocimiento". Y eso hace. Pero se excede. Muere, 4 horas después, ahogándose con su vómito mientras yacía, inconsciente, en el sillón de piel de jaguar.

***

Everardo y Anacleto ya no concilian el sueño. Sin embargo, su estado de vigilia no ha de de ser muy largo. Morirán, el primero dos días después, cuando irrumpieron las autoridades en la propiedad de los hermanos Pérez López , el segundo a los 2 meses, acribillado a balazos en la barra de una cantina sin saber porqué.

***

Nadie sale vivo de esta guerra. Demasiado hijo de la chingada en ambos bandos. 

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