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lunes, 11 de julio de 2011

Un breve consejo para México




H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazos)



Déjame te hablo de alguien que te ha conocido, acariciándote, recorriéndote, desde la planta de tus pies hasta la cresta tu cabeza. Y ahí se detuvo a peinarte cada uno de tus cabellos, ordenándolos, fijándolos. Después de conocer cada milímetro de tu físico, se ha adentrado a tu interior para sanar todas tus enfermedades, para luego irse más profundo, a lo intangible, a lo abstracto, a lo espiritual, emocional e intelectual, de ti; ahí se ha de proponer enmendar tus errores, tus defectos, tus vicios; resaltará tus virtudes, agudizará tu inteligencia, incrementará tu belleza.



Pero tú, a quien le hablo, no eres uno solo, eres mucho más que eso, eres todos, eres nosotros. Y ese del quien te habló también ya nos conoció; también ya nos está sanando. Y, claro, se propone hacer con nosotros, que somos tú, hacer lo mismo que contigo, que somos nosotros. Porque tú eres él y ella, y ellos son aquellos, que son nosotros, que somos todos, que se resume en México.



Porque sí México, te estoy hablando a ti. Y ahora que lo sabes, déjame seguirte contando de él, que se ha mojado con tu lluvia, que ha nadado en tus lagos y ha bebido de tus ríos. También ha trabajado tus tierras, ha construido tu urbanidad; y ha sudado y se ha esforzado y se ha cansado y, sin embargo, sigue trabajando. Y trabajará aunque lo explotes, aunque lo oprimas, aunque le mientas y aunque lo defraudes. Porque así es él, que ha cantado con todos los mariachis, con todos los jarochos, con todos los tríos, con todos los gruperos y con todos los norteños. Se ha embriagado con tu mezcal, con tu tequila, con tu cerveza, con tu pulque, con tu tepache. En esa fiesta, claro que bailó y cantó contigo, que somos todos, y con todos nosotros, que después comimos, junto a él y junto a ti, mole, pozole, chilaquiles, enchiladas, quesadillas, guisos, tacos.



Sin embargo para él no todo ha sido opulencia, festejo y goce, pues al recorrer tus volcanes pasó frío; al caminar por tus desiertos casi murió de sed; al trasnochar en tu miseria enfermó y tuvo hambre. Luego esquivó las balas que vuelan sobre tu suelo, aterrado, indignado; después perdió su trabajo y tardó cien años en volverlo a encontrar. Y no sólo eso, lo extorsionamos, lo corrompimos, lo amedrentamos, porque así somos. Mas nos perdonó y jamás dejó de amarnos, ni a ti, que eres nosotros, ni a mí, que soy tú, que somos todos.



Y siguió estoico, con su mismo propósito, atravesando huracanes y los destrozos que estos provocaron, escalando entre los escombros que terremotos dejaron, navegando las inundaciones que tormentas originaron, alimentando, ayudando, defendiendo a quien tú, yo, ellos, todos, hemos desamparado. Porque así es él, que jamás se ha de rendir, porque así siempre ha sido y así será. Por eso te pido, te ruego, que no seas ingrato, que aprecies lo que ha hecho, hace y quiere hacer por ti, por todos. Por eso también te suplico que, una vez que tú lo aprecies, me enseñes, nos enseñes a apreciarlo. Te prometo que tanto yo, como ellos, como tú, como todos, lo agradeceremos.



México, ahora déjame decirte de quién te he hablado, de quién te hablo. México, te he estado hablando de tu pueblo, que no es todos, que es algunos y, que en ocasiones, es uno solo. De tu pueblo México, que hoy no eres tú, pero mañana puede llegar a serlo, si aprendes a distinguir en quiénes o en quién está. De tu pueblo, México, que es tu pasado, tu presente y tu futuro. Pero si olvidas quien es él, como no sabías quién era, te quedarás sin mañana. Por eso, distínguelo, para que nos enseñes a distinguirlo, ámalo, para que nos demuestres como amarlo, respétalo, para aleccionarnos en cómo respetarlo, apóyalo, para que nos obligues a apoyarlo. Y es que México, cuando tú seas él, lo seré yo, lo serán ellos, lo seremos todos. Por eso, México, cambia y ayúdanos a crear conciencia.

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