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viernes, 23 de septiembre de 2011

La música que amo I


H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Recuerdo la tarde que me enteré que Mercedes Sosa había muerto. Una solitaria lágrima, que descendió cantando Gracias a la vida de Violeta Parra, se escapó de mi ojo izquierdo. No fue la primera vez que La Negra Sosa, La Voz de América, me hizo llorar: siempre que escucho Alfonsina y el mar lloro; ¿por qué? Porque recuerdo el día que mi abuelo, al borde del llanto, me la explicó con sus palabras.

Aún me queda Chavela Vargas, mujer poderosa como Titán, temeraria como charro, varonil como caudillo revolucionario, tierna como el cempaxúchitl, inmortal en potencia, hermosa, inolvidable, divina.

Con mujeres como ellas dos, ¿para qué queremos hombres? Pero también los hay; y del mismo modo envejecen. Lástima, porque llegará el día en que la música hispanoamericana se quede sin maestros, ya que son pocos los jóvenes que valgan la pena.

Silvio Rodríguez, cuyo canto hierbe la sangre del romántico, deleita el oído del revolucionario y enamora a las mujeres, envejece.

Pablo Milanés también sigue cumpliendo años; ¿quién nos hará bailar, qué voz vibrará con la lírica de la justicia, la equidad, la libertad y la revolución?

Otras voces que eventualmente se apagarán son la de los poetas españoles, que más que cantar su poesía nos la cuentan. Hablo de Sabina, Krahe, Serrat, Aute, Ismael Serrano.

No me olvido de los rockeros argentinos: Charly García, Fito Páez, Nito Mestre, León Gieco, Andrés Calamaro, Cerati, Vicentico.

Y Víctor Heredia, Alberto Cortez, Piero, Cuarteto Zupay.

No me olvido de César Isella y Facundo Cabral, que en paz descansen

Luego están los chilenos: Violeta Parra y Víctor Jara. Sus voces y letras despertaron consciencias, movilizaron pueblos enteros. Ella se suicidó; a él lo asesinó el gobierno de un hijo de puta cuyo nombre no vale la pena escribir. Hoy los cantan Echarry, Olmeto, Menichelli, Duarte, Moyano.

Claro que no puedo dejar fuera de esta lista a Gardel y a Le Pera, Piazzolla, Julio Sosa, Aníbal Troilo, Alberto Vila. Los tangos me los enseñó mi abuelo. Muchas noches salimos de golfos a cantarlos. Él llora cuando los canta; yo aprendo cuando lo escucho cantar.

Es probable que haya dejado a algunos fuera; de ser así, aparecerán en el próximo texto que escriba sobre la música que amo.

Faltan los mexicanos –Chavela nació en Costa Rica –. A ellos los mencionaré en otra columna.

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