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martes, 22 de noviembre de 2011

Bien por Andrés Manuel



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

A Lula, a Ollanta Humala, a Mujica les funcionó. Tanto al brasileño, como al peruano y como al uruguayo, les fue útil moderar el discurso. Los tres acabaron ganando la Presidencia de sus países. Todos ellos de izquierda. Y es que los electores independientes, los que no militan en ningún partido, y los que no profesan una ideología política determinada, inclinándose ya sea hacia la izquierda o a la derecha, son mayoría, y representan al conglomerado electoral que define una elección, sobre todo si a ésta llega un candidato como puntero indiscutible de acuerdo con todas las encuestas.

Andrés Manuel López Obrador, por fin, se ha dado cuenta de que la moderación en el discurso, en la batalla electoral, es una excelente estrategia. Luego de 6 años en constante confrontación contra los poderes fácticos y los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional, AMLO ha ofrecido reconciliación, “borrón y cuenta nueva” y otorgarles el beneficio de la duda a éstos, sus principales enemigos políticos. Bien por él.

Porque el también conocido como ‘El Peje’ tensó demasiado la cuerda, polarizó exageradamente el contexto político a raíz de las cuestionadas elecciones presidenciales de 2006. Y fue por eso que el PRI, pintándose de centro, de moderado, del que no buscaba pleitos, del de los consensos, capitalizó electoralmente la pelea entre el lopezobradorismo y el PRD, contra el PAN. He ahí la razón por la cual el candidato con mayores posibilidades de ganar la Presidencia de la República, conforme a los resultados arrojados por todas las encuestadoras del país, es el priista Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, a 7 meses de la elección presidencial, quienes aseguran que ya todo está escrito, que el triunfo del tricolor es inexorable, pecan de ingenuos; porque los humores sociales cambian, porque se pueden cometer errores. Y hoy quienes están haciendo las cosas bien no son precisamente los del Revolucionario Institucional, ni los blanquiazules. Es la izquierda la que ha venido acertando, colocándose en la boca de todos. Y el candidato de la izquierda, que llegará unida a los comicios federales, será Andrés Manuel.

Hoy López Obrador vuelve a encarnar el liderazgo de las fuerzas progresistas, mismas que desde 2008, a resultas de un conflicto electoral suscitado por irregularidades en la definición del dirigente nacional del principal partido de izquierda del país, se le había expuesto al electorado acéfala, dividida y fragmentada. Consecuentemente, si sigue actuando inteligentemente, llegará a mayo en un segundo lugar sólido y con probabilidades serias de ganar la Presidencia.

A causa de todo lo expuesto, celebro la nueva imagen de AMLO. Aplaudo la propuesta de reconciliación con el principal medio de comunicación de México, Televisa, a cambio de equidad en el proceso electoral. Apoyo el “borrón y cuenta nueva” con Felipe Calderón. Admiro la fuerza que ha tenido para moderarse, modificar el discurso quitándole palabras como “mafia”, “fraude”, “espurio”, “usurpador”. Y, por consiguiente, seguiré su ejemplo.

Sólo así Andrés Manuel López Obrador podrá representar la opción de verdadero cambio, de alternativa contra el regreso del PRI, de esperanza. Y recibir votos de las bases del PAN, de los independientes, los indecisos, los apolíticos y, sobre todo, los jóvenes. Así sí hay posibilidades de ganar. Así no habrá de extinguirse el espiral en ascenso que viene impulsando a la izquierda rumbo al 2012.

Se puede ganar. A crear conciencia.



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