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domingo, 6 de noviembre de 2011

Del bloqueo yankee y la dictadura de los Castro

H. E. Cavazos Arózqueta

Si bien el gobierno de los hermanos Castro Ruz, primero con Fidel y ahora con Raúl, se engendró en la Revolución Cubana, uno de los movimientos populares y revolucionarios más románticos de la historia de Latinoamérica; no obstante, el triunfo revolucionario y la liberación lograda mediante la lucha armada librada a mediados del siglo XX por el pueblo cubano devino en una dictadura que ha reprimido, violado Derechos Humanos y oprimido por más de 50 años. A resultas de esto último, según la posición que defienden en la Organización de Naciones Unidas, los Estados Unidos de Norteamérica decidieron imponerle a la República de Cuba un embargo como medida coercitiva y coactiva para presionar al régimen socialista instaurado por Fidel, para que aquél se abra y transite hacia el capitalismo. Dicho embargo ha violado el derecho de autodeterminación de la multicitada isla y ultrajado la soberanía de la misma. Asimismo, este bloqueo, materializándose en un obstáculo insuperable, ha impedido el progreso social, el comercio, la autonomía alimenticia y la adquisición de artefactos de salud para la población de Cuba. Según el canciller cubano, Bruno Rodríguez, el bloqueo ha significado para el país caribeño una pérdida de 975 mil millones de dólares. Consecuentemente, considero necesario, por el bien del pueblo cubano, que, en primer lugar, los Estados Unidos retiren el embargo que durante medio siglo ha aquejado a la isla, atendiendo del mismo modo la condena que la Asamblea General de la ONU le ha determinado; en segundo lugar, opino que es de suma importancia que se democratice Cuba, ya que del mismo modo padece una dictadura nepotista que le ha arrebatado a su pueblo derechos fundamentales como las libertades de tránsito y expresión, así como los derechos políticos, de propiedad privada –aunque vale la pena mencionar que acaban de librar la compraventa de viviendas –, de asociación, de información, de mercado, entre otros.

El martes 26 de octubre, como se dijo en el párrafo anterior, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas determinó, por vigésimo año consecutivo, condenar el bloqueo que la superpotencia norteamericana mantiene contra la pequeña isla caribeña desde hace medio siglo. La decisión de condenarlo fue tomada democráticamente mediante votación. 186 naciones votaron en favor de condenar el embargo; dos en contra –Estados Unidos e Israel –; y tres se abstuvieron. Este resultado es la manifestación expresa de una pluralidad de Estados que, sin importar sus modelos económicos o políticos, consideran imperativo que cese el anacrónico conflicto entre los estadounidenses y los cubanos. Y es que en el mundo del siglo XXI, donde las disputas ideológicas y la bipolarización provocada por la lucha entre el comunismo y el capitalismo son cuestiones marchitas y olvidadas, no hay cabida para un embargo impuesto a causa de diferencias políticas de parte de un Estado a otro. Porque el bloqueo no fue provocado, como alegan hoy los norteamericanos para defender su continuidad, con la finalidad de que en Cuba se respeten en mayor medida los Derechos Humanos y las libertades de sus pobladores; porque hace medio siglo el objetivo de dicha agresión diplomática era acabar con una ideología distinta a la que profesa el país de las barras y las estrellas.

Dicho esto, cabe mencionar que el hecho de que éste alegue, planteándose ante la ONU y el mundo como nación paladín de los Derechos Humanos, que lo que fundamenta y legitima el bloqueo es la importancia de luchar contra las dictaduras y contra quienes reprimen y oprimen a los pueblos, constituye una doble moral cínica del mayor grado de hipocresía posible. Pues se sabe que E. E. U. U. ha apoyado abiertamente numerosos regímenes dictatoriales, tiránicos y despóticos. Tal es el caso de las buenas relaciones diplomáticas que ha sostenido con naciones gobernadas por Hosni Mubarak, Muamar el Gadafi, Rafael Leónidas Trujillo, Augusto Pinochet, Mobutu Sese Seko, entre otros; y, del mismo modo, considero preciso señalar que los mismos estadounidenses han violado en incontables ocasiones derechos fundamentales de numerosas personas que se encuentran presas en Guantánamo, o que habitan en los países que el país neoimperialista ha invadido.


Sin embargo este texto no pretende fecundar otra apología hacia el gobierno de los Castro; ya que, en efecto, éste constituye una dictadura militar que, insisto, ha atentado contra la integridad y la vida de sus gobernados. Y, a resultas, no vislumbro pretexto alguno para defender al castrismo en Cuba. Pues a pesar de que este último no sea el único culpable de los males que aquejan a la isla –queda claro que la gran parte de la pobreza cubana se debe al bloqueo –, las atrocidades que ha cometido el régimen cubano contra su pueblo no son dignas de un Estado soberano, sino de una ignominia de gobierno que, así como sus homólogos en el Medio Oriente, debe ser derrocado mediante una revolución de conciencias o armada. Porque es hora de que quienes detentan el poder en el mundo se percaten de que el débil, el humillado, el pobre, el miserable, el marginado tienen dignidad, y que la única arma que tienen para defenderla son sus Derechos Humanos. El siglo XX fue época antonomástica en cuestión de violación a los derechos fundamentales e inalienables del hombre; nunca antes en la historia se habían llevado a cabo crímenes contra la humanidad como en el siglo pasado. Y no menciono la época de la esclavitud porque en esos tiempos, ésta era legal –no obstante, imposible condonarla –, por lo cual no constituía un crimen, como sí lo fueron las torturas, los asesinatos, los genocidios, las purgas, las represiones, las desapariciones forzadas, del siglo XX.

Las intrusiones imperialistas, como el bloqueo contra Cuba y las invasiones a Irak y Afganistán, ejercidas por el gobierno estadounidense; así como la dictadura nepotista de los Castro, materializan y encarnan calamidades extemporáneos que han propagado demasiada dolencia y sufrimiento a lo largo de los años. El imperialismo y la tiranía deberían ser aspectos históricos anidados en el olvido colectivo de los pueblos del mundo. Suficiente mal han causado. A causa de esto, infiero que es de suma importancia que los jóvenes latinoamericanos, al igual que lo hicieron los árabes y lo hacen los sirios y los chilenos, al mismo tiempo que combatimos el bloqueo y la dictadura, defendamos la soberanía y el orgullo de Cuba. Se necesita ayuda para que los pueblos secuestrados se liberen y democraticen, para que se adueñen de su destino y yergan nuevas repúblicas cimentadas en valores humanitarios de justicia, paz, fraternidad, libertad e igualdad. Y esto sólo se puede lograr creando conciencia.

Para que no nos falle la memoria

Luego del muy presunto fraude electoral de 1988, Fidel Castro Ruz, traicionando a la izquierda, participó en la toma de protesta de Carlos Salinas de Gortari; quien a su vez organizó una cena con Carlos X. González, Jorge Kahwagi y Carlos Slim, a la cual el comandando cubano también acudió.




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