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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mientras siga el derramamiento de sangre, México no crecerá



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

En México no cesa la violencia; la cotidianeidad de la muerte se ha tornado en una situación terrorífica e indignante; y es que mientras el país siga anquilosado en esta terrible crisis bélica, mientras sigan muriendo mexicanos, ya sea por culpa de la guerra, ya sea a resultas de la represión, no habrá ni progreso ni justicia; porque, como mexicano lo digo, sólo en paz podremos crecer; y espero que esto último lo entiendan nuestros precandidatos presidenciales, en quienes ahora reside el futuro liderazgo de la nación

50 mil muertos; desapariciones forzadas; estudiantes reprimidos, asesinados y desaparecidos; activistas ejecutados; lo anterior no constituyen un manojo de reminiscencias de crímenes cometidos en el pasado por Estados fascistoides y autoritarios; son una realidad presente en México; lo cual me parece escalofriante; pues la actual tragedia nacional ha traído consigo incremento de dolencia, muerte, marginación y pobreza. Urge un cambio; es imperativo ponerle fin a este Estado cuasi fallido, y de emergencia, de facto, para transformarlo en una nación soberana y próspera, en una República equitativa, libre, fraternal y justa.

Los recientes sucesos plasmados de atrocidades e injusticias acontecidos a lo largo de la República, sobre todo la represión contra normalistas de Ayotzinapa, que como fruto tuvo dos estudiantes asesinados; y la denuncia de la UdeG sobre la desaparición de estudiantes, también, son reflejo de un México que se derrumba, que se cae a pedazos, que se muere. Porque cuando los gobiernos asesinan al futuro del país que gobiernan, no encarnan otra cosa que ignominias de regímenes, de autoridades inhumanas y grotescas.

Es imperativo que en este país se instaure, a la brevedad, el reino de la ley sobre la reinante impunidad; y que quienes han ultrajado la dignidad de los mexicanos mediante la constante violación a las Garantías paguen sus culpas. Porque mientras siga imperando la negligencia y la corrupción dentro de las autoridades encargadas en garantizar seguridad y procurar justicia a los mexicanos, la injusticia seguirá dominando; y cuando los crímenes quedan impunes, se violan los Derechos Humanos de las víctimas, afrenta que desgraciadamente se ha vuelto cuestión consuetudinaria en este país.

Lo primero que debe llevarse a cabo es un cambio de estrategia a la lucha contra el crimen organizado, que devino en una guerra fallida, irresponsable y sangrienta. Se tiene que extraer el carácter bélico de las medidas tomadas para combatir al narcotráfico. El ataque, lejos de ser violento, debe ser inteligente; por ejemplo, cambiar el ataque frontal violento, por uno administrativo contra el financiamiento de los grupos delincuenciales, y contra la corrupción dentro de las autoridades. Por otro lado, del mismo modo se puede combatir la delincuencia mediante la realización de programas de desarrollo social y fuentes de empleo; así como la restauración del sistema educativo, mismo que se encuentra secuestrado por un sindicato liderado por uno de los personajes más corruptos de la clase política.

En conclusión, considero de suma importancia que los ciudadanos exijamos enérgicamente un cambio; que manifestemos a diario nuestra indignación; que elijamos inteligentemente al próximo año nuestro nuevo gobierno; que demostremos que lo que en este momento necesitamos, principalmente, es paz, progreso, justicia y equidad. Sólo así seremos escuchados. Pues si seguimos callados, aletargados y fatalistas, el país acabará colapsándose, y México vale mucho, pero mucho, para que permitamos que eso suceda. A crear conciencia.

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