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jueves, 21 de junio de 2012

En la Ibero se hizo patria




Diversas y múltiples expresiones de distinta índole se han venido escuchando desde que el candidato presidencial del PRI visitó la Universidad Iberoamericana. Algunas opiniones han pretendido estigmatizar lo ocurrido el 11 de mayo, otras han buscado encomiar ese suceso. Posturas antitéticas. Ningún atisbo de indiferencia hacia lo acontecido aquella mañana de viernes. Lo que es indiscutible es que lo ocurrido en la Ibero el día que Peña Nieto acudió al Foro Buen Ciudadano ha marcado un antes y un después en las campañas. Y dejará huella en la memoria política del país.

Llegó el abanderado tricolor, entre abucheos y aplausos, a la UIA. Las cartulinas con la “e” de ectivismo contrastaban con las máscaras de Salinas de Gortari y las pancartas que contenían leyendas como “Atenco no se olvida” o “Asesino”. Vituperios y loas acompañaron al ex gobernador del estado de México en su ingreso al Auditorio José Sánchez Villaseñor. “¡Peña presidente! ¡Peña presidente!” y “¡Fuera, fuera, fuera!” coreaban los alumnos al ver pasar al distinguido y elegante aspirante a la Presidencia de la República. Mas todo indicaba que de rechifla y ovaciones no pasaría. Sin embargo, sí pasó.
Los ánimos comenzaron a calentarse cuando varios centenares de miembros de la comunidad Ibero no pudieron acceder al auditorio a causa de que el priista había traído consigo algunos “acarreados” de universidades como del Tec y del ITAM. Y la indignación devino en un incremento de reproches y reparos. Comenzaba en ese momento a gestarse una protesta, fundamentada y legítima, que más adelante habría de poner en jaque al para muchos en ese entonces era el invencible candidato.

Dentro del auditorio, Enrique Peña Nieto fue escuchado con respeto. Se dirigió a su auditorio, salvo por algunos gritos y aclamaciones esporádicas, sin interrupciones. Propuso, intercambio ideas y respondió preguntas ante una concurrencia universitaria, democrática y plural. Y así dio por terminada su presentación. Pero faltaba algo; una última aclaración, la que desató su viernes negro.

Ávidos de una respuesta más contundente y concisa, un considerable sector del alumnado que había logrado ingresar al auditorio insistía en el caso de San Salvador Atenco. A lo que el mexiquense respondió: “Asumo plena responsabilidad por lo sucedido en Atenco. Los responsables fueron consignados ante el Poder Judicial, pero, reitero: fue una acción determinada en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de usar la fuerza pública para restablecer el orden y la paz”. Y fue entonces fue cuando prendió la mecha.

¿”Legítimo derecho […] de usar la fuerza pública para restablecer el orden y la paz”?” Peña Nieto en ese momento asumió responsabilidad de una de las represiones más atroces cometidas en este Siglo. Y la llamó, apostando a la ignorancia de los jóvenes, legítima. Se responsabilizó de la muerte de personas y de agresiones sexuales sistemáticas; es decir, de gravísimas violaciones a los Derechos Humanos. Y esto último no lo íbamos a tolerar los estudiantes de la UIA.
Es por eso que al salir del auditorio, el postulado por la coalición Comprometidos por México, se topó ante varios centenares de universitarios encrespados que le mostraban un febril repudio mediante consignas en su contra. Coreaban al unísono “¡la Ibero no te quiere! ¡La Ibero no te quiere!”. Y lo obligaron a él y a su equipo de seguridad a correr a refugiarse a uno de los baños de las instalaciones. Ahí, perplejo y colérico, escuchando a universitarios gritarle que Atenco no se olvida, meditaba en cómo salir de aquél embrollo. Acabó saliendo por la puerta trasera de la institución.

Las protestas fueron legítimas. No hubo quemas ni agresiones físicas. Y si bien el lenguaje empleado para protestar rayaba en lo soez, jamás fue insultante. Los alumnos se manifestaron de forma pacífica y ordenada. Expresaron sus críticas de la mejor manera existente para que la ciudadanía sea escuchada por la gente de poder, uniendo y alzando las voces. No hubo violencia, solamente la encarnación del sentir popular: la indignación ante la inhumanidad del PRI; y el ejercicio colectivo de un Derecho Fundamental: la libertad de expresión.
Acto seguido de la protesta, se reanudó el anacrónico y viejo discurso priista contra las movilizaciones estudiantiles. Volvió el coletazo del dinosaurio a asegurar que esos no eran estudiantes, sino porros y acarreados. Hablaba de intento de boicot y de organización premeditada orquestada por fuerzas políticas opositoras al Revolucionario Institucional. Insultaba el tricolor nuevamente la inteligencia de los universitarios. No podían concebir que estos últimos fueran capaces, ni que reunieran las facultades mentales suficientes para protestar. No. Debían anidar detrás de ellos intereses electorales ajenos, “una mano que meciera la cuna”. Se equivocaba el PRI otra vez.

Porque lo que siguió fue una aclaración efusiva, concisa y vehemente por parte de 131 alumnos de la Ibero. Filmaron un vídeo que mostraba a cada uno de ellos con la credencial que los acreditaba como tal, diciendo su nombre y aclarando que no eran ni porros ni acarreados. Esto último fue el preludio de la más grande sublevación de conciencias jóvenes del siglo XXI en México. Pues motivó a la juventud mexicana a gestar un extraordinario movimiento estudiantil llamado #Yosoy132.
I
nspirada en la valentía y heroísmo de los estudiantes de la Ibero, la comunidad universitaria se sumó a la causa y comenzaron a movilizarse. Primero cientos, hoy decenas de miles de estudiantes a lo largo y ancho del país. Actualmente, en las calles de México, se cristaliza el despertar juvenil cada que el Yo Soy 132 sale a manifestar sus ideas y a exigir sus demandas. Rechazan cualquier tipo de imposición al Poder Ejecutivo Federal por parte de los poderes fácticos; luchan por la democratización de los medios; y se oponen a que el Revolucionario Institucional retorne al poder.

La formación del multicitado movimiento ha venido a cambiar el rumbo de las campañas presidenciales. Ha logrado lo que para muchos era imposible: planteársele al electorado como el único actor político con verdaderas posibilidades de vencer al PRI. Todos los que conforman esta agrupación estudiantil quizá podrán en un futuro presumirle a sus nietos que libraron una batalla épica, y que triunfaron contra titanes de piernas de lodo siendo ellos enanos con corazones de acero. Tal vez mañana tengamos patria gracias a la juventud, como debe ser.

Hoy, luego de varias décadas, la juventud mexicana retoma el poder político que merece; volvemos los jóvenes a ubicarnos en la opinión pública y a ser tomados en cuenta; hemos vuelto a adueñarnos de nuestro destino. Salimos del letargo en la tercera llamada, justo a tiempo para salvar, personificando el futuro de México, al país del peor de sus pasados. Hoy más que nunca me llena de orgullo ser joven, pero, sobre todo, ser estudiante de la Universidad Iberoamericana.

La verdad nos hará libres.

Humberto Enoc Cavazos Arózqueta.

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