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sábado, 30 de junio de 2012

Ha sido un honor, @lopezobrador_ (carta abierta)



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Querido Andrés Manuel:

Aprovecho la ocasión y el espacio para tutearte por primera vez. Asimismo y de antemano te reitero el respeto y la admiración que me inspiran tu persona y empresa. Sin embargo, estas líneas no pretenden ser un manojo de adulaciones y loas, sino más que nada un colofón de una enorme cantidad de letras y palabras que le he dedicado a tu lucha, nuestra lucha, la lucha de millones.

Te conocí en 2000. Te empecé a entender en 2004, siendo yo en ese entonces un estudiante de secundaria, un joven sin Capacidad de Ejercicio, pero con una incipiente conciencia política, que crecía y se desarrollaba de manera paralela y paulatina con nuestra democracia. Fue durante ese tiempo que entendí las canalladas del poder, las artimañas y bribonadas de las que eran capaces los poderes fácticos. Y al mismo tiempo atestigüe tu astucia política, tu liderazgo y tu perseverancia. Alcanzaste. Y me cautivaste al ganar esa gran batalla.

Luego seguí tu campaña, asombrado por la empatía que enajenabas y los sentimientos, que se relacionaban de manera delirante y antitética entre la sociedad, que despertabas entre todos nosotros. Tu nombre gestaba pasiones; calaba hasta las fibras más sensibles de todos y cada uno de los ciudadanos. Tu figura impedía que se vislumbrara cualquier atisbo de indiferencia en el marco político. En 2006 la decisión era clara y concisa: o se votaba a favor de AMLO, o en contra de él.

Del mismo modo, durante 2006, me percaté de la ignominia que materializaba el Gobierno Federal. Horrorizado refrendé la vileza de quienes detentan el poder en este país. La Guerra Sucia constituyó para mí la expresión de la cobardía, de la trampa, de la degradación política y moral. El miedo se convirtió en bandera, en pandemia. Y supe que millones habrían de votar conducidos por el miedo, y no por la inteligencia o la información, como debía ser.

Pero no fue suficiente. Ganaste, y ganaste bien la Presidencia de la República. No obstante, los traidores a la democracia y los eternos vende patrias se encargaron de ultrajar la voluntad del pueblo, violando sistemáticamente Derechos Humanos y Políticos, orquestando el segundo fraude electoral más terrible de la historia reciente de México. Hecho que yo, avergonzándome de allegados que lo aplaudieron y repudiando a ingenieros del mismo, condené y reprobé.

Lo que siguió fue tu Gobierno Legítimo. Y si bien fungiste como presidente de manera simbólica y no constitucional. Empero para millones representabas la dignidad y la entereza. Por consiguiente, durante años vi en ti, orgulloso y maravillado, la investidura presidencial.

En 2010, ya con plenos Derechos Políticos y Electorales, decidí involucrarme de lleno en tu lucha. Comencé adentrándome a la misma mediante la pluma. Le pedí a Federico Arreola espacio para publicar mis textos. Me lo dio, cosa que le gradezco a este último sobremanera. Y hasta el día de hoy ha sido SDP Noticias una de mis trincheras, junto con las redes sociales, la principal. Desde aquí llevo dos años luchando a tu lado. Externando mi respaldo hacia ti con mi opinión y mis ideas. Ojalá y mañana se refleje, aunque sea de forma marginal, este esfuerzo.

También me gustaría añadir que este par de años que he venido luchando contigo, he sufrido una derrota y he celebrado una victoria. Vi perder a Alejandro Encinas en el estado de México. Acudí a su cierre de campaña. En nuestro saludo, pero sobre todo en nuestra despedida, me inspiraste ilusión. Recuerdo que nos abrazamos y sentí el cambio que necesita Edomex. Mas perdimos. Luego ganamos la candidatura presidencial. El trago amargo del fracaso pasado quedó en el olvido. Y ahora viene el final. Espero con todo mi corazón que ganemos.

Hoy me encuentro a unas horas de salir a votar por ti. Lo haré confiado en que de ganar no nos fallarás; que jamás me arrepentiré de otorgarte mi voto. Mañana concluirá esta batalla, pues la lucha por transformar, por salvar a México debe seguir. Afortunadamente tendré mi conciencia tranquila el 2 de julio. No creo poder haber hecho más. Estoy convencido que entregué mi corazón y mi mente a esto, y no lo hice por ti, lo hice por tener patria, por ver crecer esta nación. Aunque no niego que tu liderabas la lucha que emprendí. Decidí seguirte. No falta mucho para que lleguemos a nuestra meta; falta saber si la alcanzamos triunfales o vencidos.

Hoy llego al final de este camino despojado de dudas. Para mí tú encarnas la esperanza de los desposeídos, los marginales y los eternamente humillados; así como de las clases medias y altas; de los empresarios y campesinos; de los estudiantes y ‘los ninis’. De los obreros y las amas de casa. Me resulta indubitable creer que eres el Presidente que este país necesita para crecer en paz, fraternidad, justicia y equidad. Porque no dudo que preponderarás las necesidades de la colectividad sobre los intereses de los particulares; porque sé que te acompañarían en tu gobierno ciudadanos de integridad intachable y de virtudes conocidas; porque todos sabemos que amas a México y a su pueblo, que eres honesto y honrado, que has perseverado, y ahora te toca alcanzar.

Hoy también te aclaro que este es el último texto que te dedicaré de esta forma. Pues en caso de ganar deberé criticarte cuando lo considere pertinente y necesario. Por congruencia, por principios —y seguramente me entenderás— , en caso de gobernar deberé ser duro y severo contigo, como lo he sido con el que actualmente malgobierna. Y porque en caso de perder, aunque te seguiré admirando, no habrá más que te pueda decir de forma pública y abierta.

Te dejo reiterándote mi entrega y apoyo a tu causa. Esperando que si no es contigo, sea más pronto que tarde que en este país las causas justas dejen de ser las perdidas. Te dejo manifestándote mi agradecimiento por siempre luchar por quienes, por debilidad impuesta por el espantoso contexto en el que les tocó vivir, no pueden librar sus propias luchas. Te dejo consciente que cristalizas el destino a donde van a parar los sentimientos de avidez de progreso, de anhelo de mejora, de ansia de cambio y de profunda esperanza. Te dejo absorto por haber presenciado tu lucha. Te dejo esperando con todas mis fuerzas que vuelvas a ganar la Presidencia de la República.

Porque si pierdes, Andrés Manuel, no serías tú el derrotado, sería México. La titularidad del Poder Ejecutivo de la Federación perdería mucho con tu derrota y la victoria del PRI. Sería el pueblo el verdadero vencido.

En conclusión, Andrés, lo que si te quiero decir, es que, por lo menos yo, en ti siempre tendré a un líder, a un ejemplo a seguir, a un, sin importar si legitimo o constitucional, a un verdadero Presidente.

Ha sido un verdadero honor, luchar y estar contigo, Andrés Manuel López Obrador.

Te mando un combatiente, fraternal y cálido abrazo.

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