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miércoles, 6 de junio de 2012

La Guerra Sucia. Y el error de AMLO



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Inmenso y total es mi repudio contra la grotesca y mezquina Guerra Sucia electoral. Me opongo de manera contundente y expresa a los burdos y prosaicos ataques plagados de infamia y mentira. Me parecen cobardes, mezquinos y vulgares, al igual que los partidos que se atreven a incurrir en este tipo de vilezas para crecer en las encuestas o impedir que sus adversarios lo hagan.

Del PAN no me sorprende. Esa es la manera de hacer política de ese partido venido a menos. Un partido que se hunde inexorablemente. Atacando se hundió; y atacando se seguirá hundiendo. Más que lástima, dan vergüenza. Sin embargo, el Revolucionario Institucional sí me sorprendió. Todavía recuerdo a su candidato presidencial rechazando cualquier ataque y asegurando que él no habría de dividir a México. Mentiras. Falso, embustero e hipócrita, como buen priista, Peña Nieto sacó el cobre.

Hoy se unen nuevamente tricolor y albiazul contra la izquierda. Emprenderán otra vez una guerra frontal, mas al mismo tiempo recelosa y soez, contra Andrés Manuel López Obrador. Bajo una alianza tácita de lo peor que existe en la clase política, se conformará un bloque de embate contra cualquier atisbo de amenaza contra el status quo anacrónico y podrido que impera en este ajetreado y herido país. De ese tamaño es el miedo. Demasiada es la mierda.

Dicho lo anterior, infiero que sería pertinente señalar que no me opongo a la confrontación argumentativa, a la crítica cruda y directa y a la contrastación de ideas y proyectos entre candidatos presidenciales. Lo que está mal en mi opinión es que los aspirantes a la Presidencia de la República y sus partidos se escuden detrás de spots transmitidos en radio y televisión para lanzar cobardemente sus ataques, denostando y calumniando impunemente.

Que cese la Guerra Sucia, por el bien de nuestra sociedad, nuestro país y nuestra democracia.

Cambio de tema.

Por otro lado, me gustaría hacer una crítica al abanderado de la coalición Movimiento Progresista, que últimamente ha venido retomando el viejo discurso. El que pretende desacreditar las instituciones democráticas; el que previene conspiraciones en todos los rincones del país; el que remonta a algunos al conflicto postelectoral de 2006.

No me parece buena idea, y mucho menos situándose en la espiral en ascenso en la que se encuentra a menos de un mes de que se lleven a cabo los comicios federales, que AMLO vuelva a incluir la palabra “fraude” en su discurso. Porque si bien esto último enciende los corazones de su voto duro; no obstante, ahuyenta a los indecisos; y son a estos a los que necesita para triunfar. Consecuentemente, espero que a partir de hoy regrese el tabasqueño al discurso moderado, reconciliador e incluyente que a tantos ciudadanos, ávidos de amor, ha venido convenciendo.

Con la Guerra Sucia a la vuelta de la esquina, y tomando en cuenta que ésta pretende nutrirse con aspectos y defectos del AMLO de 2006, creo que no sería conveniente que López Obrador le dé a sus adversarios materiales para que lo ataquen. La palabra “fraude” es material jugoso para ello.

Hoy más que nunca debe centrarse Andrés Manuel en llevar una campaña presidencial perfecta, sin errores, al alza, que crece y se acerca al triunfo. Hoy más que nunca deben él y su equipo ser cerebrales. Ya podrán usar los corazones el primero de julio de lograrse la victoria. Antes no.

A crear conciencia. 

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