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lunes, 29 de octubre de 2012

AMLO no debe parecer vulgar



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Tremendo despilfarro de fuerza política. Qué manera de desperdiciar lo logrado en una campaña innovadora, inteligente, creativa y propositiva. Andrés Manuel López Obrador, desde que trazó su línea con los partidos que, mediante la coalición Movimiento Progresista, lo postularon por segunda vez como candidato a la Presidencia de la República, no ha hecho más que dilapidar la potencia electoral que forjó durante las campañas presidenciales.

Predecibles y estériles han resultado las medidas que ha optado tomar el tabasqueño desde que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió la declaración de validez de la elección presidencial y declaró al priista Enrique Peña Nieto presidente electo. No ha hecho más que darle la razón a sus detractores y abrirle a diario la puerta al escarnio y a la burla.

Sin duda alguna la derrota electoral de la izquierda supuso un gran golpe para el lopezobradorismo. Era el última chance para AMLO. Y él y sus seguidores lo sabían y lo saben. Sin embargo, en el fracaso se materializaba una ventana de oportunidad para reivindicar al movimiento en su totalidad y a la persona del dos veces candidato presidencial: el reconocimiento de la derrota significaba desmentir las calumnias y confirmarle a los indecisos que persuadió que no se habían equivocado en votar por él el pasado primero de julio.

Pero no sucedió así. Adolorido he venido constatando cómo siguen siendo a diario cada vez más los que se arrepienten por haberle dado su voto a Andrés.

Y es que retomar la cantaleta del fraude; de la ilegitimidad; del pelele; de no vamos a reconocerlo como Presidente, constituyó un error garrafal. De no haberle entrado a ese juego, López Obrador bien pudo haber seguido su carrera política como el luchador y líder social más importante del país, ofreciéndole a la izquierda en su movimiento la plataforma política y electoral más grande de las fuerzas progresistas.

En cambio, decidió trabajar en la partidización del lopezobradorismo, de MORENA. Y los “te lo dije” sobraron.

Y los errores siguen. Ahora recurrió al tono burlón, burdo y vulgar en su discurso, que lejos de elevarlo junto al debate, se ha encargado de rebajarlo a un populismo urbano prosaico y vil. Un hombre de la altura moral y política de Andrés Manuel no puede andar llamando al Titular del Ejecutivo y al Presidente electo “Calderoncito” y “Peñita”. ¿Dónde está la seriedad, carajo? Con diminutivos patéticos solamente logra manifestar en su rechazo a las políticas de estos dos, resentimiento y complejos.

Usurpador a Calderón está bien. Pues lo es. Corrupto a Peña Nieto, también ¿Pero “Calderoncito” y “Peñita”?

Sin duda el político más injuriado de los últimos años ha sido el ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Mas esto no se trata de ponerse a mano. Que no se rebaje a ese nivel.

AMLO debería de estar pensando en sumar. Sobre todo en plena empresa de crear un nuevo partido político. No obstante, no hace otra cosa que restar.

Lástima. Porque si persiste, Mancera o Ebrard se lo comerán de desayuno rumbo a las próximas presidenciales.

A crear conciencia.

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