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lunes, 29 de octubre de 2012

AMLO, o gana perdiendo, o pierde de plano



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Pudo haber ganado el viernes pasado. Pudo haber ganado perdiendo. Andrés Manuel López Obrador tuvo al alcance de la mano la oportunidad para incrementar su capital político y cerrarle la boca a sus eternos detractores. Pero no la aprovechó. Afortunadamente todavía está a tiempo para ganar perdiendo.

Si las declaraciones de AMLO hubiesen sido otras; si no se antojase lo que se avecina como el preludio de la repetición de la historia de 2006, otro gallo estaría cantando actualmente.

Frustradas y reprimidas pudieron haberse quedado las viles intenciones de algunos opinócratas de abrirle las puertas al escarnio y las injurias ‘antipejistas’ de siempre. Los clásicos “no sabe perder”, “está obsesionado con la Presidencia”, “ya empezó el loco mesiánico otra vez”, “ahí vienen los plantones de estos loquitos”, etcétera y etcétera mil veces, pudieron podrirse en el cajón de las calumnias. Mas no sucedió así. Salieron con un brío desmesurado a embestir contra el lopezobradorismo. Y paradójicamente fue este último el que las dejó salir.

Si tan sólo el tabasqueño se hubiera centrado en criticar severamente a nuestras precarias instituciones electorales y al corrompido y rebasado sistema, pero reconociendo como había firmado que haría a quien el TEPJF declaró presidente electo, el escenario político para la izquierda electoral se vislumbraría infinitamente más prometedor.

Un acepto el resultado de la elección, aunque éste haya devenido de un proceso plagado de irregularidades y delitos, y avalado por una institución rebasada y sumida en lo paupérrimo y la negligencia. Porque así lo acordé, consciente de los riesgos que implicaba, pues sé que la corrupción y la impunidad imperan dentro del sistema; y conozco las prácticas deshonestas e ilegales del PRI. Todo esto proponiendo una verdadera oposición y una reforma exhaustiva a la Ley electoral. Con ello habría bastado para que AMLO concluyera el proceso triunfante y aclamado.

No sucedió así. Sin embargo, aún queda un sutil atisbo de posibilidad para que el dos veces candidato presidencial de las izquierdas gane perdiendo. Lo haría si, y solamente si, el próximo viernes 9 de septiembre, que se llevará a cabo una asamblea en el Zócalo capitalino, toma la decisión de no defender el voto en las calles dañando a terceros, y que la resistencia se lleve a cabo mediante las instituciones y la vía legislativa como fuerza opositora. Todo esto reconociendo a EPN con la condición de que se legitime conforme a los intereses populares y de las mayorías.

No todo está perdido afortunadamente para Andrés Manuel. Aún queda tiempo para que termine encarnando al líder moral y social más importante de la izquierda y de México. Y quizá para que suceda a su amigo Arturo Núñez en la gubernatura de su estado natal, Tabasco.

A ver qué sigue (luego escribiré sobre Morena).

A crear conciencia.



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