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miércoles, 31 de octubre de 2012

El abrazo de Ebrard y Calderón termina con la hegemonía obradorista en el DF



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

A un mes de terminar las gestiones de Marcelo Ebrard Casaubón y Felipe Calderón Hinojosa, la del primero al frente del Gobierno de la Ciudad de México, la del segundo al timón del Gobierno Federal, estos dos otrora antagonistas sobre el escenario político nacional optaron por dejar sus mandatos previa reconciliación entre ellos.

Luego de seis años de fricciones y de febril rivalidad, ambos mandatarios, olvidándose de aquello que los mantenía como antípodas ideológicos, manifestaron su voluntad por hacer las paces fundiéndose en un abrazo durante la inauguración de la Línea 12 del metro.

Indubitablemente, el motor que impedía que se extinguiera la llama de la discordia que dividía al gobierno capitalino del federal de forma tan violenta se ha venido apagando. Ese brío que impedía se reconciliaran ambos gobiernos provenía de Andrés Manuel López Obrador.

Anquilosado en el resentimiento y el traumatismo provocados por la elección de 2006, el lopezobradorismo se ha mantenido firme en su postura de nada de “relaciones con quienes nos robaron la Presidencia”. Y logró ejercer control sobre el Distrito Federal y sus funcionarios durante casi todo un sexenio. No obstante, esto se ha acabado.

La disposición de Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno electo, para acudir a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, reconocerlo como Presidente de la República y trabajar en conjunto, es la muestra que la capital se la librado del yugo obradorista.

Y no sólo eso. Que a un mes de concluir la salida de Ebrard de la titularidad del Ejecutivo del Gobierno del Distrito Federal se abrazara ante los reflectores con Felipe Calderón demuestra que Marcelo también ha pintado su raya con AMLO en este sentido.

Se viene una reforma dentro del Partido de la Revolución Democrática. Infiero que las modificaciones se irán reflejando en la manera de conducirse de los militantes del Sol Azteca. No más rechiflas ni tomas de protesta. Habrá un comportamiento mucho más institucional.

Respeto. Este país necesita que sus políticos y servidores públicos se respeten entre ellos. Que cese de una vez cualquier tipo actitud digna de la clase política de un país bananero. Ha llegado la hora de que dejemos este terrible anquilosamiento que nos mantiene en la mediocridad y el estancamiento en todos los sentidos.

Si la izquierda ha de respetar a Enrique Peña Nieto, respetando a Calderón exhibe congruencia.

El abrazo entre Ebrard y Calderón termina con la hegemonía obradorista en el DF. Para bien o para mal; pero es un hecho: sin Andrés dentro del PRD, será otro partido.

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