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lunes, 29 de octubre de 2012

Se deben quemar las boletas del 2006; pero…



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

José Eduardo Moreira

Antes de entrar en el tema de las boletas electorales de 2006, me gustaría expresar mi más sentido pésame al ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, y a su familia, por la muerte de su primogénito, José Eduardo; asesinado esta noche. Porque si bien repudio a la figura política que engloba al otrora mandatario coahuilense; no obstante, a la persona la respeto. Por consiguiente, condeno cualquier insulto, infamia o vituperio cobarde contra el asesinato de su hijo. Me parece repulsivo injuriar a los muertos, mucho más cuando se trata de jóvenes.

Boletas electorales

Las elecciones presidenciales de 2006, junto con las del 88, materializan la ignominia política y electoral preponderante en esta nación carente de una verdadera y auténtica democracia. No obstante, por lo profundamente distintos contextos en los que se dieron, cometo un error al compararlas. Pues la primera se dio en un país que supuestamente transitaba en paralelo a una incipiente democratización; la segunda, en plena dictadura partidista despojada de cualquier connotación democrática.

Documentado y reconocido por un importante y considerable sector de la sociedad, incluyendo panistas y priistas, el fraude electoral de 2006 dejó de manifiesto que, en primer lugar, el cambio que trajo consigo el PAN, seis años atrás de que se orquestara aquél, se había tratado de simple y llano gatopardismo*; por otro lado, que el país se encontraba en manos de los poderes fácticos, detentado principalmente por los dueños de medios de comunicación masiva y de trasnacionales; del mismo modo, cristalizó la continuidad de una terrible precarización y decadencia en aspectos morales, éticos y políticos que amagaba, y sigue amagando, con llevarse al país al traste.

No obstante lo expuesto, las artimañas cometidas hace un sexenio jamás lograron ser probadas jurídicamente. Por corrupción, negligencia y arbitrariedad demostradas por ambas partes, es muy probable que jamás se revele la verdad de lo que realmente sucedió el domingo 2 de julio de 2006.

Mas queda la esperanza de que los individuos podamos llevar a cabo el recuento voto por voto que jamás se logró. Aunque inútil resultó el canto de “¡voto por voto; casilla por casilla!” para presionar al Tribunal electoral, por lo que se consumó la imposición de Calderón en el Ejecutivo Federal, todavía hay tiempo para exigir que no se quemen esas boletas electorales para conteos particulares que carezcan de oficialidad.

Las boletas se tienen que quemar. Sostenerlas resulta demasiado; actualmente nos ha costado su salvaguarda 426.8 millones de pesos a todos los mexicanos. Sin embargo, como bien dice Sergio Sarmiento en su columna de hoy, “no hay razón para que no sean fotografiadas como documentos históricos […]”. Me parece una excelente idea. Comenzamos a demandar que se efectúe.

A crear conciencia.


*Gatopardismo,
En política, el cambiar todo para que nada cambie.

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