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lunes, 29 de octubre de 2012

Tremenda irresponsabilidad hablar de “estallido social” tras fallo del TEPJF



H. E. Cavazos Arózqueta

Resulta innegable que el proceso electoral se desarrolló plagado de irregularidades y delitos electorales. Todos y cada uno de los partidos políticos que participaron en él los cometieron. Indudablemente el PRI, por contar con una enorme y grotesca maquinaria electoral a nivel nacional, se condujo de forma menos honesta y apegada a la legalidad. Sin embargo, tanto el PAN como el PRD, en las zonas donde cuentan con operadores de este tipo, procedieron de la misma forma ilegal y obscena; el primero en Guanajuato; el segundo en Guerrero y el Distrito Federal, por dar algunos ejemplos.

No puedo prestarme al maniqueísmo simplón y ridículo característico de ciertos sectores de nuestra eternamente polémica izquierda electoral. Malandrines electoreros los hay en todas las esferas y lados de nuestra deleznable y oxidada clase política. Y a causa de esto último, me niego a hacer de los anteriores comicios federales un burdo y patético melodrama; no obstante ello, considero que, aunque sutiles y frágiles, sí se vislumbran en el panorama electoral difusos atisbos de probabilidades para que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anule la elección presidencial.

Definitivamente no serían las paupérrimas y bufonescas pruebas que ha aportado la coalición Movimiento Progresista constituidas por animales de granja como pollitos, gallinas, chivos, cerdos y borregos, las que fundamentarían una posible anulación de las elecciones. Pero sí existen otros casos graves y realmente preocupantes como los de Soriana y Monex; incluso algunos, aseguran los izquierdistas, que rayan en lo delictivamente grave, como los de presunto lavado de dinero. Empero lo anteriormente expuesto, infiero que no serán suficientes, ya sea por negligencia en torno al litigio, o por valor de los elementos probatorios, para anular la presidencial.

Dicho esto, me parece pertinente resaltar lo irresponsables que me parecieron las declaraciones del Presidente Nacional del PRD, Javier Zambrano, quien aseguró, durante la presentación de alegatos sobre el juicio de nulidad en el TEPJF, que la izquierda “no descartaba estallido social tras el fallo del Tribunal Electoral”. Amagar con algo tan grave me parece soez y violento. Y creo que la sociedad, por encontrarse inmersa en una terrible crisis social y política, no está para más polarización, ni ajetreos en las calles por la defensa del voto. La avidez de reconciliación se antoja casi palpable en las críticas que han arrojado contra Andrés Manuel López Obrador y los partidos progresistas de México, justo cuando éstos constituyen la segunda fuerza política del país, y con un considerable potencial de fortalecimiento.

Por otro lado, implica una actitud autodestructiva la de los izquierdistas que anhelan devenga en un embrollo callejero un conflicto poselectoral que no ha abandonado el universo jurídico, manteniéndose apegado a la institucionalidad, normatividad y a las leyes. Pues en caso de que el lopezobradorismo vaya más allá de las instancias y los medios de impugnación establecidos en la ley electoral, sería el fin del mismo y heriría gravemente al Partido de la Revolución Democrática y similares.

Así las cosas, me parece que las izquierdas podrían encontrar en el futuro fallo del multimencionado tribunal la cristalización de una ventana de oportunidad para ingresar en un espiral en ascenso que podría llevarlas a importantes triunfos en un futuro. Siempre y cuando acepte y acate el resultado, evidentemente señalando previa o posteriormente a esto que las instituciones electorales han sido rebasadas, que necesitan reformarse y mejorarse para que dejen la precariedad y alcancen la credibilidad y legalidad hasta al día de hoy faltas y necesitadas.

Ha llegado el momento para que la izquierda electoral mexicana se regenere; se despoje de anacrónicos cacicazgos; renueve sus cuadros; y yerga y construya nuevos y rejuvenecidos liderazgos. Para esto, deberá despojarse de lastres y pasivos de antaño; desaparecer tabúes y prejuicios; y persuadir mediante la elevación del debate y un ejercicio legislativo de oposición inteligente y conciliador.

En cuanto a Andrés Manuel López Obrador, si logra conducirse con sensatez, mesura y un poco de pragmatismo, podrá encarnizar al luchador social más importante de México, y al líder moral que relevaría a Cuauhtémoc Cárdenas dentro de las fuerzas progresistas del país.

Dicen por ahí: “renovarse o morir”.

A crear conciencia.


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