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domingo, 4 de noviembre de 2012

Sabina y Serrat, ¡qué pájaros!



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Las luces de los automóviles se precipitaban con violencia y frenesí en mi contra. Bajo las colosales obras que se yergan con soberbia e imponencia sobre el Periférico de la Ciudad de México me dirigía desesperado al Auditorio Nacional desde el sur del DF. Era a las 8 en punto, no a las 8: 30 de la noche. Carajo. Adrenalina y desesperación. A la hora de las prisas no hay nada más hermoso que quedarse en la capital durante un puente. Y esperando que el espectáculo no comenzara puntualmente, iba quejándome y mentando madres. ¿Cómo no te fijaste? Carajo. Y lo peor es que se te ocurrió: ¿qué pasaría si…? Pendejo. Con los boletos y todo el tiempo del mundo iba yo a perderme el inicio del concierto Dos Pájaros Contraatacan. Por descuidado, irresponsable y pendejo.

Puede ser que sea la última oportunidad para verlos juntos en vivo, y tú tarde...

Pendiente al Twitter, leía yo los tuits que escribían los que ya se encontraban dentro del magno recinto. Y luego lo vi. Creo que fue de Gaby Cuevas. El tuit, con su respectiva foto, que anunciaba la apertura del espectáculo me heló la sangre. Afortunadamente yo ya estaba a 3 minutos de tomar mi asiento.

Cuando llegué, llevaban 5 minutos cantando. Nada más. 

Vagabundear e Y nos dieron las diez fueron las dos primeras canciones que conocí de Serrat y de Sabina. La primera del catalán, la segunda del andaluz. Tendría yo entre 13 y 14 años cuando empecé a enamorarme de las letras de este par de españoles. Y fue su música, junto con la de Silvio, Fito, Milanés, Aute y Mercedes Sosa, el detonante que despertó en mí una febril pasión por la literatura, la música y el socialismo.

Encontré la melomanía en un disco llamado Trovadores en Vivo hace unos 10 años.

Crecí aprendiendo de Joaquín Sabina un sinfín de aptitudes. Hurgando entre su música, buscaba yo musas que robarle para forjar mi inspiración y conducir algunas de mis acciones. Me aferraba en adecuarme a personajes suyos, a vivir historias que cantaba –si se le puede llamar a eso cantar– con esa voz de lija humedecida con whisky y secada con cocaína. Compré un bombín y sorprendido constaté que la palabra puta también significaba poesía.

Y beber una virtud.

Por otro lado estaba Serrat, el, según mi padre, “gachupín mamón que se las da de comunista, pero sólo toca en Bellas Artes con una guitarra costosísima y una botella de Dom Pérignon”. Pero yo siempre vi a un catalán que, entre vibraciones preciosas, canta poesía y logró poner en la memoria y los labios de millones los poemas de Antonio Machado, finalidad frustrada y fracasada de incontables profesores de literatura.

"Caminante no hay camino".

Encarnado un oxímoron paradójicamente armónico y perfecto, ambos músicos y aristas, Joan Manuel y Joaquín, entretuvieron durante 3 horas por concierto a miles y miles de mexicanos. Risas. Son simpatiquísimos. Llanto. Sabina dedica a su “cuatacha la Vargas” Por el bulevar de los sueños rotos mientras que detrás de él se exponen fotos de ‘La chamana’. Emocionante, emotivo, hermoso.

"Te amo, Joaquín. Con cariño, Chavela".

Los dos pájaros superan con facilidad las fronteras de la expectativa y el espectáculo. Se superaron a sí mismos: Dos Pájaros Contraatacan me pareció mucho mejor que Dos Pájaros de Un Tiro.

Mucho mejor.

Dos veces recomienda Sabina al Auditorio que leamos libros como Peña Nieto. La segunda lo interrumpe Serrat exigiéndole que deje de meterse con el gobierno.

La vez pasada Sabina llamaba chachalaca a Serrat, y le ordenaba que se callara, al mejor estilo Andrés Manuel.

Me tocó verlos el día que volvieron a decirle hasta siempre a México. El sábado concluyó su gira por el país. Canciones de su último disco, La Orquesta del Titanic, éxitos y clásicas. No dejaron de cantar ninguna de las que tanto amamos. Casi nadie se queda extrañando una pieza que nunca llega. Tres horas cantando con un nudo en la garganta, experimentando una palpitante nostalgia y una inmensa alegría. De la mano de Graciela. Feliz.

Alegría.

“¡Maestro”, “¡Serrat, te amo!”, “¡Viva Sabina!”, gritaban detrás y delante mío. En el escenario, el trovador y rockero de Úbeda junto con el cantautor de Barcelona. “Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron; y más de un bofetón”. Así está el Twitter y los comentarios en las columnas, pensé.

Mentadas  y felicitaciones.

Me perdí una canción, pero me gané otra sublime experiencia. El concierto me arrebató el mal sabor de boca que me dejaron los Pumas el viernes que quedaron eliminados del torneo Apertura 2012.

Que corran a García Aspe.

Sabinistas y serratistas, otrora adversarios y antitéticos melómanos, coreamos a todo pulmón Aquellas Pequeñas Cosas, 19 días y 500 noches, Tu Nombre Me Sabe a Yerba, Princesa, Para la Libertad, Contigo, Cantares e Y Nos Dieron las Diez. Y también escuchamos a Serrat cantarle a la puta que hasta al hijo de un Dios enamoró; y a Sabina a la suegra peleada con el transcurso del tiempo.

Y las incontables despedidas. Y las “¡otra, otra”!. Pero no fue un concierto común y corriente. Claro que no.

Sabina quería ser torero. Y le cantaba al culo de las chicas canciones de Serrat.

Joan Manuel cantaba en el Royal Albert Hall mientras que Joaquín entonaba canciones en el metro de Londres para ganarse la vida.

Ya volaron los pájaros. Se fueron de México. Los estaremos esperando para su regreso.




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