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martes, 16 de abril de 2013

Por haber ganado, @NicolasMaduro será el último presidente chavista



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

La de Venezuela fue una elección presidencial paradójica. Paradójica porque a cualquiera de los contendientes le convenía perder. La victoria prometía y promete traer consigo una sentencia de muerte política. El derrotado amarraría y ha amarrado, junto a su fracaso, un lugar en el porvenir político de Venezuela. He ahí la paradoja, que se manifiesta en los frutos del resultado de la jornada electoral: los beneficios y provechos para el que pierde, las cargas y daños para el que gana.

El supuesto fraude electoral orquestado por el chavismo habría cristalizado el preludio al suicidio histórico, la traición a Hugo Chávez. Nicolás Maduro nos leyó en voz alta el epitafio chavista, fue su discurso de triunfo, su proclamación como presidente. Con él se acabará la hegemonía de la "revolución bolivariana", conformada, también cuales paradojas encarnadas, por reaccionarios, por milicos clericales, por genuinos revolucionarios bananeros.

Henrique Capriles ganó perdiendo. Lo peor que podía haberle sucedido a la oposición venezolana hubiera sido ganar el 14 de abril. Porque el país sudamericano en cuestión ha devenido en bomba de tiempo, no tarda en venirse abajo. El colapso se ha tornado inminente y a los opositores del régimen no les iba a convenir que Venezuela se derrumbara con ellos en el poder.

Histéricos y dramáticos, Maduro y su pandilla no iban a tardar en señalar y condenar a Capriles, el Imperio, el fascismo, la derecha y a Satanás por la debacle venezolana. Invocando  a Dios a Cristo a Bolívar y a Chávez los iban a culpar de la crisis, de la caída, de la inconformidad popular y el rechazo. Así se habrían reivindicado los chavistas, encontrando un blanco inocente al que vilipendiar por los males de los que solamente ellos son, han sido y serán culpables.

Ayer en su columna publicada en el periódico Reforma, Andrés Oppenheimer afirmó que "datos revelan que, pese haberse beneficiado de la mayor bonanza petrolera de los últimos tiempos, Venezuela no sólo tiene el mayor porcentaje de inflación de Latinoamérica, un índice de criminalidad récord, una creciente escasez de alimentos y cortes de electricidad, sino que además ha tenido un pobre desempeño en la lucha contra la pobreza cuando se le compara con otros países latinoamericanos”.

A lo arriba citado se le añada la crisis política e institucional a la está entrando el gobierno de Nicolás Maduro. No solamente ha dilapidado recursos para perpetuarse en el poder, sino que el señor, enfermo de confianza, se dedicó a malgastar su capital político haciendo uso de una verborrea que rayaba en lo bufonesco, en lo estúpido, en lo ramplón. Desde la bendición del pajarito hasta las analogías y aseveraciones de índole religioso.

Se avecinan tiempos difíciles para el pueblo de Venezuela. Los recibirá Maduro, y ni el “cristo redentor de los pobres de Latinoamérica” ni ningún pajarito podrá evitarlo. El espejismo chavista se desmoronará y los venezolanos saldrán del letargo. Por haber ganado, Nicolás Maduro será el último presidente chavista. De eso no hay duda. Siempre y cuando no se acabe de ultrajar lo poco que queda de democracia en ese distinguido país del Cono Sur.


1 comentario:

  1. Eso de nombrar a personajes por su cuenta de twitter está de la verga. Rascuachísimo.

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