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jueves, 25 de abril de 2013

Una nueva ola periodística: el pejepeñismo



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Hurgando entre las ya apolilladas- ¡qué lejanas y viejas se ven desde aquí!- primeras planas de La Jornada publicadas durante el sexenio pasado, me topé con una violenta mutación que, de un día para otro, sufrieron éstas: antes tan duras con el presidente espurio, usurpador, ilegítimo y pelele Calderón, ahora sumamente complacientes, llenas de elogios y alabanzas para el presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Mas no es la notoria línea presidencial que ha adoptado la editorial del diario fundado por Carlos Payan la que me sorprende. Sino la tremenda facilidad con la que muchos de sus colaboradores acusan de chayoteros y vendepatrias a quienes, al igual que el periódico, consideran que EPN, hasta el momento, ha hecho un buen trabajo como titular del Poder Ejecutivo de la Federación. O por lo menos no tan malo.

Ondeando la bandera de la pureza ideológica y de la "verdadera oposición", los intelectuales orgánicos del obradorismo consideran deslealtad y traición señalar las virtudes del Gobierno Federal, del Pacto por México y de la disposición y voluntad legislativa que se han mostrado en ambas cámaras para sacar adelantes las tan mentadas reformas estructurales. Pero no son capaces de mostrarse críticos con el giro que dieron las notas de La Jornada desde que el PRI retornó a la Presidencia.

La eterna apología del lopezobradorismo sigue presente entre las páginas jornaleras, día a día, semana tras semana, mes tras mes. La falta de crítica hacia el movimiento que encabeza Andrés, también. En ese aspecto, todo sigue igual. Sin embargo, su periodismo ha devenido en esquizofrenia, en contradicción. Por andar queriéndolo dejar bien parado en ambos lados del camino, los directivos del diario multimencionado lo han dejado caer en la imposibilidad intelectual, en la falacia, en la antítesis ininteligible.

Así fue como comenzó a gestarse el pejepeñismo. No solamente en La Jornada, también en otros medios de comunicación. Del mismo modo en la Cámara de Diputados, ya que no han sido pocas las veces en que el sentido de la votación de los legisladores pejistas va en armonía con el del Partido Revolucionario Institucional. Priistas y simpatizantes de Andrés Manuel han coincidido en incontables ocasiones. Hoy han creado una alianza tácita y de facto contra el PRD.

En cuanto a la forma de opinar de los pejepeñistas, se manifiesta su postura Sui géneris de la manera siguiente:

Por un lado, loas y aplausos a las reformas que han salido durante el peñismo, y por el otro vilipendio y reproche a los legisladores que, mediante su voto, las han hecho posibles, las han sacado. Asimismo, se desviven en lisonjas para Peña Nieto por su audacia política en la creación del Pacto por México y no escatiman en encomiar los frutos de éste; empero se exceden en vituperar a los suscriptores del mismo. Así buscan los buenos ojos tanto de López Obrador como del mandatario nacional. Así es como caen en el caos. Así crearon la nueva ola periodística: el pejepeñismo.

Aquí el problema es que los únicos pejepeñistas intocables para MORENA son los jornaleros. Canijos- ¡qué injusticia!- pues son lo mismo que los demás.

A crear conciencia.

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