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viernes, 28 de junio de 2013

Jugando con fuego y con whisky



Humberto Enoc Cavazos Arózqueta


Me pide que quite las manos, que lo suelte. Imbécil. ¿Qué no se da cuenta que con el pedo que traigo no puedo mantener el equilibrio para que no se caiga? Lo siento húmedo, helado, sobre mi cabeza. Lo siento inestable, vulnerable. Si lo suelto se cae, se destroza. Y no quiero recoger los vidrios. ¡Qué hueva! Pero, por otro lado, creo que sí me conviene soltarlo, quedarme inmóvil. Para que no se me resbale, para que no vaya a dar al suelo. Quieto, muy quieto. Cualquier movimiento en falso significaría la destrucción del vaso. Que de todos modos acabará hecho añicos. De eso se trata este juego. El problema radica en que no puedo meter las manos. No quiero terminar sin algún dedo; o peor aún, sin manos, manco. Así que lo sostengo por unos segundos más, tomo aire. Lo aguantaré hasta que todo esto termine. El tipo este comienza a desesperarse. Y yo aguantando la respiración. Lo único que quiero es sentir la emoción más fuerte del mundo. Exhalo. Vuelvo a sostener la copa sobre mi cabeza. Carajo. Es que siento que se me va a caer. Tanto equilibrio es mucho pedir para un borracho adicto a la adrenalina, a las pendejadas. Ahora sí. A las de tres. Se lo informo. También le pido que no se tarde. Que cuando culmine la cuenta regresiva juegue su papel correctamente. Al final todo es un juego. Siento la cabeza empapada de sudor. A ver si esto no acaba en un grosero desperdicio de buen whisky, que sería peor a un asesinato. Ahí vamos. Vuelvo a tomar aire. Cuento. 1…2…Escucho el escalofriante click, el metal que anuncia peligro, incluso muerte…y a las de… Veo aquél peligrosísimo agujero negro… ¡3! Y el tiempo se detiene. Acto seguido escucho el cristal explotando. Comienzo paulatinamente a empaparme. Olor a alcohol. Luego un zumbido que perturba, aturde. Al final el estallido. Negro. Oscuridad. Vuelvo a abrir los ojos. Los segundos vuelven a correr con libertad. Sigo vivo. Me meo. No sé si de la risa o del espanto. También me río a carcajadas. Él también. Le agradezco. También, en mi mente, doy las gracias a Gossip girl.

Fin.

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