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viernes, 21 de junio de 2013

La mezquindad que provocan los Heats de Miami



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Tan simplón y vulgar como el que más, no entiendo de ningún deporte más que de fútbol. Es el único que me apasiona y que disfruto. Los demás deportes me aburren, me ponen de malas, me ahuyentan. Cada uno de forma distinta. Por ejemplo, prefiero un tehuacanazo con chile piquín a aventarme un juego de golf en la televisión. Se me hace tan complejo comprender una estrategia de fútbol americano como leer el Libro Rojo de Mao sin traducir. Y el beisbol…pues…me da igual.

¿El polo? Demasiado fresa; ¿el rugby? Muy violento para un pacifista como yo; ¿el cricket? Una payasada; ¿el tenis? Espectacular, pero monótono; ¿el alpinismo? Demasiado riesgoso; ¿el box, karate, tae kwon do y demás? Muy de circo romano.

Pasemos al básquetbol.

Últimamente se han venido jugando una serie de partidos que, hasta donde yo me quedé, conformaron el campeonato de la NBA (National Basketball Association). Se lo disputaron los Miami Heats y los Spurs de San Antonio. Luego de 7 juegos, 4 victorias para los primeros y tres para los segundos, se coronaron campeones los de Florida. Y conforme iban ganando, en este país futbolero la cantidad de gente que celebraba las victorias se incrementaba paulatinamente.

¿Y qué sucedió?

Alguna vez se preguntó Amado Nervo “«¿Que quiénes somos?” Su respuesta:Los gigantes 
de una raza magnífica de bronces”. ¿De bronce? No a todos los hicieron del mismo material…

Cobre, vil y burdo cobre.

Y que lo sacan. Los “fans del básquet de toda la vida” comenzaron a mostrar una mezquina y lastimosa indignación conforme más y más mexicanos se sumaban a sus porras. Los llamaron “villamelones”, falsos, oportunistas.

¿Villamelones?

Pero qué mamones y amargados salieron los fans de los Heats. Los “de toda la vida”, obvio. Deberían agradecer que haya quienes hayan decidido acompañarlos en su pasión tan sabor a Coca-Cola y tan aroma a aceite quemado de McDonald’s. Ingratos. Mala onda.

Yo los catalogaría así: a unos paisanitos agringados; a otros, paisanos desmadrosos ocasionales (como lo somos todos en este país).

A crear conciencia.

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