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miércoles, 8 de enero de 2014

Están acabando con Twiter y Facebook



H. E. Cavazos Arózqueta
(@HECavazosA)

Es una pena que dos de las principales redes sociales en México y en el mundo se estén desaprovechando como herramienta para hacer el bien. Twitter y Facebook lejos de cristalizar una plataforma para incursionar en el mundo de la política, el arte o la intelectualidad, simbolizan en estos días la morada del cobarde que tras la máscara del anonimato vomita sus complejos y resentimientos con odio e ira.

Claro que no todos los que insultan y generan violencia virtual dentro del internet son anónimos. Sin embargo, ni uno ni el otro debería enfocar sus energías en generar encono y agredir a tuiteros o feisbuqueros. Porque otra cosa sería si de las discrepancias ideológicas o meramente entre simples opiniones brotaran debates plagados de ideas y argumentos; si en una u otra red social la gente expusiera sus juicios de manera respetuosa y sin embestir con furia contra el que no comparte el mismo pensamiento. Entonces Twitter y Facebook serían universos del conocimiento y la inteligencia, no la gazapera donde la injuria y el vilipendio han hecho su imperio.

Twitter es actualmente la vía por la cual el acomplejado y el resentido manifiesta febrilmente su ruindad. Ahí, la hipocresía y la ignorancia convergen, se manosean entre sí, ofreciendo al sereno y al educado un espectáculo triste y carente de fondo. No es justo para quien solamente desea informarse, expresar alguna reflexión o leer arquetipos nuevos, se tope con mentadas de madre, calumnias, ultrajes y caos.

¿Por qué no pueden algunos desdeñar algo sin tener que echar mano al lenguaje soez o a la insolencia?

El Presidente Enrique Peña Nieto ha sido acerbamente atacado por no haber podido responder qué libros cambiaron su vida—como si todos los tuiteros fuesen lectores voraces—; por no dominar el inglés—muchos de los que se encendieron por esta pifia ni el español dominan—; por no ser un hombre culto—si en Twitter abundara la cultura, no se leería tanta estupidez a la hora de la crítica. Pero eso sí, el pendejo es el titular del Ejecutivo Federal y el chingón es el que en calzones y desempleado lo insulta. Claro.

A Andrés Manuel López Obrador lo han afrentado por razones innecesarias. Incluso han ido al extremo de desearle la muerte. Cuando él representa justamente lo que todo mexicano debería ser: un hombre justo, con conciencia social, honrado, perseverante, humilde, exitoso y trabajador.

La última víctima del salvajismo tuitero fue la cantante Lucero. Toda la multimencionada red social se volcó contra ella porque una revista de quinta publicó fotos de ella acompañando a su novio en distintos viajes de cacería. Mi solidaridad con la empleada de Televisa. No porque admire a esta mujer, ni mucho menos a la empresa para la que trabaja, sino por el simple hecho de que considero ignorante repudiar la caza regulada, legal y sustentable sin la argumentación adecuada.

Para terminar, me gustaría transcribir un texto de Guillermo Arriaga que encontré en Facebook:

LA TRISTE TARDE DE UN CAZADOR.
Escrito por Guillermo Arriaga (Escritor, Guionista y Director de cine).

Soy cazador. Cazar me apasiona, le da sentido a una parte fundamental de mi existencia, me conmueve. Como toda gran pasión es imposible describir las emociones que suscita. Su fuerza, su belleza, su crueldad. El dolor, la furia, la tristeza, la frustración, la culpa, la humildad. Porque cazar me ha hecho más humilde. Siempre más humilde.
La cacería me parece uno de los últimos y más profundos ritos a los cuales puede acceder un hombre. Un rito ancestral que nos pone en contacto con la vida y la muerte, con las hondas paradojas del amor y el dolor que significa todo sacrificio.
Es difícil explicar por qué soy cazador, sobre todo en una sociedad cada vez más urbanizada; he viajado cazando por gran parte del país y nunca un campesino me ha reprochado que cace... Son quienes han perdido todo contacto con la naturaleza quienes no comprenden el sentido de la cacería.
Somos una especie sentada en un trono de sangre. Cada uno de nuestros actos destila muerte y destrucción de hábitats. Lo mismo que lavar con detergente, cultivar legumbres, volar en avión, pavimentar una calle, comer una hamburguesa. No hemos dejado de matar y de destruir. Simplemente hemos delegado estas funciones en otros: en el carnicero que sacrifica las reses, en los campesinos que queman montes para sembrar, en los ingenieros que arrasan con bosques para construir conjuntos habitacionales.
Empaquetamos la muerte, la higienizamos, nos distanciamos de ella. Pero la muerte sigue rondándonos. Porque la muerte es parte de la naturaleza y nosotros somos naturaleza. Porque la muerte es parte de la vida.
El cazador no delega, él mismo consuma el sacrificio. Pero lo hace dándoles oportunidades a los animales, siguiendo sus reglas de juego. Y mientras más cazador se es, más se respetan estas reglas. Y es cierto: cazr es cruel. Pero más cruel, me parece, es mantener mascotas dentro de pequeñas jaulas o peces en acuarios, apiñar miles de pollos en un gallinero estrecho, transportar puercos en diminutas celdas, marcar ganado. Cruel es la infame manera en que cientos de animales mueren quemados al desmontar terrenos. El trono de sangre.
Me parece hipócrita, entonces, la actitud de quienes juzgan la cacería. Así es el nuevo puritanismo. Han sustituido el sexo por la muerte. Prohiben y recriminan en nombre de esta nueva moral que se escandaliza de lo que no comprende. Y para estos puritanos de lo que se trata es de prohibir, restringir, coartar imponer su visión a los demás.
Es indudable que es necesario entablar una relación más armónica con la naturaleza: cuidar, conservar, restaurar. Y hacerlo con inteligencia, sabiduría, diálogo. La ecología debe ser un pretexto para el encuentro, no para el autoritarismo. Porque en nombre de los sagrados valores de la ecología se esconden corrientes autoritarias, intolerantes, "moralistas". Personas cuya vocación no es la naturaleza, sino el poder, la prohibición, la prepotencia: son los ecofascistas.
A mí, la cacería me ha permitido conocer mucha genete, establecer amistades de años. Sobre todo, con ejidatarios, y pequeños propietarios. Me he sentado a su mesa a a comer , he dormido en sus casas y charlando largas horas con ellos. La cacería nos ha permitido comprendernos, querernos, compartir. Porque la cacería es encuentro entre humanos. Un encuentro que se ha repetido día con día a lo largo de la historia...


1 comentario:

  1. Me encanto la carta del cazador, gracias por compartir algo tan fresco y autentico en un mundo tan cegado por lo aparente e inmediato. Estos supuestos moralistas que se espantan con la muerte en la naturaleza, repudian la muerte cuando es parte del ciclo ecológico, el problema no es la muerte sino su desequilibrio. La gente no se preocupa si se matan miles de reses en el matadero mientras ellos no las tengan que ver, en cambio si se mata a un toro en una plaza a los ojos del mundo o se caza a un pato se escandalizan del acto de muerte mis veces menor al que autorizan, todo simplemente por tener un raciocinio que se basa en lo superficial, en lo que se percibe con los sentidos básicos, algo parecido al "si no lo he visto, por lo tanto no existe".

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