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martes, 23 de agosto de 2016

Premio Hubert Thummler a los Venados de México SCI


El pasado viernes 11 de febrero del año en curso, tuve el honor de recibir el Premio Hubert Thummler a los Venados de México SCI. Vale la pena mencionar que recibí dicho reconocimiento con un preponderante sentimiento de gratitud profunda. Sobre todo, porque gracias a dicha presea, los paradigmas que engloban al universo de la caza del venado cola blanca en México han venido cambiando de manera paulatina y, en mi opinión, para bien. Es decir, infiero que los cazadores mexicanos tenemos mucho que agradecerle al capítulo Monterrey del Safari Club Internacional por haber relanzado dicho premio en conjunto con don Thummler, uno de los más importantes cazadores y conservacionistas de México y el mundo, ganador, entre muchas otras condecoraciones, del Premio Weatherby.

El Premio Hubert Thummler fue relanzado con el objetivo de que cazadores nacionales y extranjeros se internen en la búsqueda de las siete subespecies de venado cola blanca, dos de venado bura y dos de temazate que habitan el territorio nacional y que a su vez son reconocidas por el libro de records del Safari Club International. Lo anterior con la finalidad de que se regulase la caza en zonas donde no se acostumbraba su práctica de manera legal; para que en dichas áreas, la actividad cinegética dejara una derrama económica que beneficiase a comuneros y ejidatarios; y por supuesto para que con la cacería y los recursos que ésta genera se fomente la conservación de todos los cérvidos mexicanos, así como se preserven los ecosistemas donde aquellos habitan.

Gracias a este homenaje materializado en un hermoso bronce a don Hubert Thummler, muchos cazadores de venado hemos olvidado por unos instantes las majestuosas cornamentas de los grandes cola blanca, y hemos aprendido a suspirar, a veces incluso con más sentimiento y efusión, ante una canastita, seis por seis, perlada, gruesa, de un macho adulto de la costa del Pacífico, ya sea un acapulcensis, toltecus o oaxacensis. Esto se ha traducido en que las subespecies otrora marginadas e ignoradas como lo pueden ser también las que habitan el sureste, thomasi, nelsoni, yucatanensis y truei, han adquirido valor cinegético y pecuniario. Actualmente, gracias al multimencionado premio, todas las subespecies de odocoileus virginianus son valiosas.

Lo anteriormente mencionado ha traído como beneficio, en primer lugar, que se constituyesen como Unidades de Manejo Ambienta, UMA, múltiples y diversas tierras ejidales. Esto último permitió que los habitantes de dichas zonas rurales, mediante el aprovechamiento extractivo sustentable, obtuviesen recursos económicos que han mejorado la calidad de vida de comuneros y ejidatarios a lo largo y ancho de la República. Sin embargo, también ha sido de suma importancia, que la valoración económica del cola blanca y los recursos que su caza deja, ha concientizado a los campesinos, lo que se refleja en una disminución importante en la cacería furtiva y en la mengua de tradiciones como el comer tamales de venado los doce meses del año.

Hoy en día, la gente del campo sabe que cuidar a los venados cola blanca permitirá que acudan a sus tierras cazadores a pagar una importante suma de dinero por la cacería. De resultas, han optado por el cuidado del cérvido y preponderado esta actividad por encima de arar la tierra, que es deforestarla; de obtener proteína por medio de la caza furtiva; de cazar a los venados fuera de Épocas Hábiles autorizadas por SEMARNAT. Y todo esto, por supuesto, acaba por devenir en conservación de la fauna y preservación del ecosistema.

La cacería de venado en México debe ser el motor que impulse a la caza en este país, y debe reconocérsele como tal. A veces olvidamos la riqueza cinegética con la que cuenta la República mexicana; pero es una realidad; y es una realidad, en gran parte, gracias a la diversidad con la que contamos en cuanto a especies y subespecies de cérvidos. Por eso, el Premio Hubert Thummler a los Venados de México SCI debería ser un reconocimiento con el que todo mexicano debe contar. Por difícil y largo que parezca el camino, alcanzar la meta es posible para todo aquél que persevere.

Este galardón impulsa al cazador a recorrer los desiertos, las serranías y las selvas de este hermoso país. Es decir, funge como brío para que, los que nos proponemos conseguirlo, recorramos el territorio nacional recolectando los cérvidos mexicanos, que se encuentran distribuidos desde los desiertos de la Baja, hasta la Península de Yucatán, y ello implica conocer nuestra tierra.

En mi caso, para conseguir ser acreedor a este honorable laurel, me tocó cazar, a lo largo de cuatro años, desde la Sierra de Juárez al Valle de los Sirios en Baja California, hasta la selva de Lerma en la frontera con Guatemala en Campeche, pasando por la Mixteca poblana y oaxaqueña, el altiplano hidalguense, la sierra del Burro en Coahuila, Sochiapa, Veracruz, yendo a dar a la Laguna de Términos y sus ríos en el Golfo de México campechano.





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